domingo, 11 de septiembre de 2016

El Reino Suevo de Gallaecia

El Reino suevo fue fundado por el pueblo germánico de los suevos a principios del Siglo V, en la provincia de Gallaecia del Imperio Romano de Occidente

Los suevos se establecieron en Braga, Oporto, Lugo y Astorga. La ciudad de Braga devendría la capital del reino. Un grupo de alanos que acompañó a los suevos se estableció en la región entre los ríos Cávado y Homem, en la zona actualmente conocida como Terras de Bouro.

Como los suevos adoptaron casi de forma inmediata como idioma el latín vulgar, quedan algunos restos del idioma germánico hablado anteriormente. El germánico ha tenido cierta influencia sobre las lenguas gallega y portuguesa, como en el caso de la palabra lawerka (laverca tanto en gallego como en portugués, con el significado de alondra).

Según Hidacio, en el año 409, los suevos, vándalos y alanos pactaron acabar con el saqueo y el pillaje al que habían sometido a las provincias romanas de Hispania y se asentaron de forma estable en ellas. Así, a los vándalos y los suevos se instalaron en el interior y litoral de Gallaecia. En total sumaban una población de 200.000 personas, contando tanto a mujeres como a niños.

Con el objetivo de intentar recuperar estos territorios, el Imperio Romano de Occidente pactó con el rey visigodo Walia, quien entró en la Península Ibérica con su ejército bajo la autoridad que le había conferido el emperador y, entre los años 416 - 417, recuperó del yugo de los alanos y vándalos las provincias más ricas de Hispania, que eran: Bética, Lusitania, Tarraconense y Cartaginense.

En el año 419 estalló una lucha entre los suevos y los vándalos, motivada por la pobreza de las tierras que les habían correspondido a estos últimos. Entonces, los suevos se vieron rodeados en la Batalla de los Montes Nerbasios (de localización actualmente desconocida) y sólo les salvó de su completa aniquilación el ejército imperial bajo el mando de Asterio. Los vándalos levantaron el asedio y huyeron hacia el sur arrasando, a su paso, la ciudad de Braga.

Tras la huida de Hispania de los vándalos, los suevos quisieron extender su influencia fuera de los límites Gallaecia, sobre las ciudades más ricas de Hispania. No obstante, solo se limitaron al saqueo y al pillaje y no consiguieron consolidar su dominio sobre ningún territorio fuera de Gallaecia. Los suevos no sobrepasaban las 25.000 personas, mientras que la población galaica hispanorromana rondaba las 700.000 personas.

Bajo el gobierno del rey Requila el reino suevo alcanzó su mayor expansión. En el año 438 encabezó una campaña contra la Bética, donde derrotó a un ejército organizado por la aristocracia local y comandado por Andevoto. Durante los años siguientes ocupó Mérida, capital de Lusitania, y en el año 441 logró entrar en Sevilla, la capital de la Bética. Esta última conquista le permitió extender su influencia incluso por la provincia Cartaginense.

En el año 446, un ejército de visigodos bajo el mando de un magister llamado Vito, fue derrotado por los suevos cuando intentaba recuperar la Bética para el Imperio Romano de Occidente. Dos años después, fallecía Requila al que sucedió su hijo Requiario. Éste último intentó fortalecer el reino suevo por lo que quiso acercarse al reino visigodo de Tolosa de Teodorico I, casándose con una hija suya. A su vuelta a la corte sueva, apoyó una revuelta bagauda que estalló en la Tarraconense, sumándose a los actos de saqueo y pillaje. En el año 453, los suevos firmaron un tratado de paz con un representante del Imperio, con el objetivo de poner fin a sus incursiones.

En el año 456, después del fallecimiento de Valentiniano III y el ascenso al trono imperial de Avito, el rey visigodo Teodorico II inició una enorme campaña militar para conquistar el resto de Hispania, lo que le llevó a enfrentarse con el creciente poder del reino suevo. Así, el 6 de octubre de ese mismo año, tuvo lugar la Batalla de Órbigo entre el ejército visigodo, comandado por el mismísimo Teodorico II, y el suevo. El resultado de esta batalla fue una derrota para los suevos que vieron como su capital, Braga, era invadida por los visigodos y su rey, Rechiario, era ajusticiado en Oporto. Entonces, el rey visigodo, nombró a Agiulfo como gobernador y se dirigió a Mérida, donde recibió la noticia del fallecimiento del emperador Avito. Teodorico II regresó a la galia, pero dejó en Hispania un ejército que invadió y saqueó varias ciudades como Astorga, Palencia y el Castro de Coyanza.

Un año más tarde Agiulfo, el gobernador nombrado por Teodorico II, se rebeló contra éste y fue ejecutado. Este contexto propició un brote de la resistencia sueva, formando diversos grupos cuyos líderes se enfrentaron entre sí por el gobierno del antiguo reino suevo: primero Maldras y Framtán, y después Requimundo y Frumario -Requimundo, cuyo dominio se encontraba en la zona occidental de Gallaecia, defendía el mantenimiento de una cierta amistad con los visigodos y el Imperio, mientras que Frumario, que dominaba la Gallaecia meridional e interior, era contrario a cualquier pacto- Teodorico II envió a Gallaecia un ejército bajo el mando de Sunerico y Nepociano, que atacó Lugo y, en el año 460, invadió Santarem en la Lusitania. Cuatro años más tarde, fallecía Frumario por lo que el reino suevo quedó bajo la autoridad de un único rey, Requimundo, que fue reconocido por el rey visigodo. A partir de entonces, los visigodos mantuvieron una supremacia sobre el reino suevo, cuya consecuencia principal fue la conversión de Requimundo a la fe arriana y la de muchos otros suevos.

Requimundo intentó acabar con la supremacia visigoda e inició un acercamiento con la aristocracia galaica y del norte de Lusitania, que dio como resultado la conquista pacífica de Lisboa en el año 468, ciudad que le fue entregada por sus habitantes nobles, a pesar de que en la primavera de ese año los suevos habían saqueado Conimbriga

Entre los años 469 y 550, existe una laguna histórica como consecuencia de la ausencia de crónicas. Solo se tiene constancia del nombre del rey Teodemundo. Se cree que durante esos 80 años, el reino suevo se consolidó en el noroeste de la península como un estado independiente y, en su seno, se produjo la integración de la población germánica con la galaicorromana. Esto se sabe gracias a una carta enviada por el Papa Vigilio al metropolitano de Braga, en el año 538, en la que se observa la plena libertad de la que gozaba la Iglesia Católica Romana, que era de los galaicorromanos, en un reino confesionalmente arriano: "Su jerarquía episcopal puede comunicar libremente con el exterior, edificar iglesias, tratar de parar la conversión al arrianismo de antiguos católicos, así como hacer proselitismo de su credo". La integración de ambos sectores dirigentes del país, los suevos y la aristocracia galaicorromana, se desarrolló en un clima de paz exterior. El aislamiento geográfico de las tierras centrales del reino suevo, y su pobreza, constituían una inmejorable base de sustentación para dicha paz exterior que, ahora, también se veía favorecida por la creciente debilidad del reino visigodo.

A finales del siglo V y principios del VI, grupos de población celta procedentes de Gran Bretaña y huyendo de las invasiones anglosajonas se instalan en la costa de Lugo, entre el río Eo y la ría de Ferrol. Esta población se organizó entorno a una diócesis propia con sede en Britonia (actual Santa María de Bretoña).

A partir del año 550, el reino suevo vuelve a aparecer en las crónicas, concretamente en las del franco Gregorio de Tours y del visigodo Juan de Biclara, pero la información que registran solo se refiere a los acontecimientos del reino que afectan a la Galia merovingia y al reino visigodo.

El paso definitivo para la integración entre los suevos y la aristocracia galaicorromana, lo que supuso la plena consolidación de la monarquía sueva, fue la conversión al catolicismo del rey y su corte. 

Esta conversión al catolicismo está relacionada con la creciente influencia, en el reino suevo, de los francos merovingios y de los bizantinos, enemigos de los visigodos. La influencia merovingia -que llegó a Gallaecia por la ruta comercial marítima que unía Burdeos con sus costas- se manifiesta en la muy extendida veneración que existía entre los católicos galaicorromanos por San Martín de Tours, quien tuvo un papel destacado en la conversión sueva al catolicismo.

La actividad misionera de Martín de Braga, apoyada por el rey suevo, se centró en la cristianización de las áreas rurales influidas por las creencias paganas y el priscilianismo, y en la reorganización de la Iglesia del reino para convertirla en una "Iglesia nacional". Bajo la supervisión de Martín, fue transformada la organización eclesiástica tradicional del reino con la división de éste en 13 diócesis, agrupadas en provincias eclesiásticas. Una meridional, cuya capital sería Braga, y otra septentrional, cuya capital fue Lugo. En este reino, las zonas septentrionales presentaban un evidente arcaísmo en sus estructuras sociales y económicas: casi no existían núcleos urbanos importantes, con la excepción de Lugo; existían distritos con estructuras tribales y cuya organización eclesiástica se estructuraba entorno a monasterios episcopales de tradición celta. Los 13 obispados de la nueva Iglésia Católica Sueva fueron: Britonia, Obispado de Lugo, San Martín de Mondoñedo, Iria Flavia, Diócesis de Tuy-Vigo, Diócesis de Orense, Asturica Augusta, Diócesis de Dume, Portucale, Lamecum, Conimbriga y Egitania.

El rey visigodo Leovigildo desarrolló una ambiciosa política de restauración de la monarquía visigoda sobre Hispania. Entre los años 573 y 576 se ocupó del noroeste del reino, fronterizo con el reino suevo. Así, en el año 574, invadió toda la provincia de Cantabria. Un año más tarde, se apoderó de la región de Orense, recuperando la gran franja de terreno de la parte visigoda de la frontera con el reino suevo, formada por Orense, Asturias y Cantabria. En el año 576, penetró en el reino suevo pero llegó a firmar un tratado de paz con el rey Miro.

En el año 580, se inició en el reino visigodo la Rebelión de Hermengildo, hijo y heredero de Leovigildo que se había convertido al catolicismo. Dos años más tarde, Leovigildo, inició la ofensiva para reconquistar la Lusitania y la Bética que se encontraban en manos de los visigodos rebeldes. En poco tiempo conquistó Mérida y, tres años más tarde, sitió Sevilla donde vivían Hermengildo y su esposa franca. En ayuda de éstos, acudió un ejército suevo bajo el mando del rey Miro, pero Leovigildo lo cercó y le obligó a jurarle fidelidad, permitiéndole retirarse a Gallaecia, donde falleció poco tiempo después.

Después de la muerte del rey Miro, le sucedió su hijo Eborico. La derrota ante los visigodos, que creó malestar entre la aristocracia del reino por la renovación del nuevo rey de la fidelidad a Leovigildo, fue la causa de que al año siguiente, Eborico fuera destronado por su cuñado Andeca y encerrado en un monasterio. Para fortalecer su posición, Andeca se casó con la viuda del rey Miro, Siseguntia. Leovigildo no pudo intervenir de inmediato porque estaba ocupado sofocando la rebelión de su hijo, pero en cuanto consiguió ponerle fin, en el año 585, invadió el reino suevo. El rey Andeca fue encerrado en un monasterio y Leovigildo de apoderó del tesoro real. Así, dejó de existir el reino suevo que quedó convertido en una provincia del reino visigodo de Toledo.



Resultado de imagen de reino suevo

No hay comentarios:

Publicar un comentario