viernes, 5 de febrero de 2016

Berserker: los guerreros de la muerte.

Los Berserker eran guerreros vikingos que combatían semidesnudos, cubiertos con pieles. Entraban en combate bajo cierto trance psicótico, casi insensibles als dolor, fuertes como osos o toros, y llegaban a morder sus escudos. No había fuego ni acero que los detuviera. Se lanzaban al combate con furia ciega, sin armadura ni protección alguna. Se han documentado casos en los que los Berserker se lanzaban al agua desde un drakkar (típico barco vikingo) y se ahogaban sin que nada se pudiera hacer por ellos. Su sola presencia atemorizaba a sus enemigos así como a sus propios compañeros de batalla, pues cuando entraban en trance no estaban en condiciones de distinguir aliados de enemigos.

Existe la teoría de que su resistencia e indiferencia al dolor provenían del consumo de setas alucinógenas, como la amanita muscaria, o por la ingesta de pan o cerveza contaminados por cornezuelo del centeno, precusor del LSD. Los vikingos, así como otros pueblos germanos, consumían cerveza con beleño negro, una planta alucinógena de la familia de las solanáceas. Es posible que los Berserker consumieran dichas cervezas antes de entrar en combate. El beleño produce una sensación de gran ligereza, parece que uno pierde peso y se siente tan ingrávido que acaba creyendo que se eleva por los aires. Por otra parte, la belladona, causa furia y violencia, acompañada de carcajadas delirantes.

En las sagas nórdicas:


Diversas fuentes mencionan a los Berserkr Mikill, o poderosos guerreros Berserker, que destacaban por su extrema ferocidad y eran comparados con gigantes.

En la Saga de Egil Skallagrímson aparecen 12 Berserkers, como el número adecuado de guerreros al servicio de la guardia personal de un rey, un numero muy recurrente en otras sagas nórdicas. En la Saga de Hrólfr Kraki, el rey aparece acompañado de un hird (pequeño ejército) de Berserkers, destacando Bödvar Bjarki quien, según la leyenda, se transformaba en un impresionante plantígrado en batalla, una característica posiblemente relacionada con antiguos cultos al oso. Es muy probable que fueran miembros de cultos relacionados con Odín. En cierta manera, la religión de los Berserker les inducía a mostrar una gran furia en dombate, mostrando una invulnerable mitad humana y otra mitad animal. Sus dioses, todos ellos guerreros, exigían (para alcanzar el Valhalla) tener la muerte más noble en el campo de batalla.

En el año 1015, el Jarl Eiríkr Hákonarson de Noruega declaró a los Berserkers fuera de la ley, posiblemente el gragás (ley escrita) de Islandia hizo lo propio, y hacia el siglo XII los Berserkers ya habían desaparecido.

Los Berserker también se mencionan en la Saga Vatnsdoela y Hrafnsmál, y en la Saga Völsunga, se decía que se cubrían con una piel de lobo cuando entraban en combate. Los Berserker eran definidos como los guerreros de élite de Odín, con la piel de lobo y una lanza como perfil más característico.

El poema Haraldskvaeöi los define así:

"Hablaré de los berserkers, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿Cómo trataban
A los que vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos".

En las Saga Heimskringla y la Saga de Grettir, los berserker reciben el nombre de Úlfhéönar. Harald I de Noruega, unificador del reino, aparece acompañado por ellos en sus ofensivas, "iban sin cota de malla y actuaban como perros rabiosos y lobos", lo que provocaba desconcierto y el colapso en las filas de los enemigos.

Los Berserker fueron marginados por la sociedad por, ya que los consideraban unos locos, y una leyenda que recorría los países nórdicos contaba que se convertían en hombres lobos, lo que motivó que fueran temidos y recluidos, ya en la cristiandad, por considerarlos poseídos por el diablo. La creencia en la licantropía se testimonia en la Saga Völsunga, donde se afirma que los berserker Sigmund Volsungson y Sinfjötli Sigurdsson (nieto de Sigmund) gruñían y aullaban como lobos durante los combates.


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