domingo, 10 de enero de 2016

¿Cómo era el calzado en la Edad Media?

El calzado empleado durante la Edad Media eran, dependiendo de la clase social, sandalias, zuecos, bocerguíes (una especie de botas que cubrían la pantorrilla hasta la altura de la rodilla), zapatos (en este caso eran muy puntiagudos) o las propias calzas que llevaban adheridas al pie unas suelas puntiagudas. En la Edad Media tanto los hombres como las mujeres solían emplear unos zapatos de cuero muy parecidos a las actuales zapatillas.

Los hombres también empleaban botas altas y bajas. El material predominante era el cuero de vaca y de cabra, no obstante el último era el más costoso. Las personas pertenecientes a los estamentos más bajos de la sociedad medieval sólo podían permitirse emplear zuecos de madera, los cuales solían ser muy resistentes. Las botas empleadas por la nobleza estaban elaboradas con cuero de cabra y seda, y bordadas con piedras preciosas o perlas

En el siglo IX el uso de las polainas fabricadas en la ciudad de Cracovia, Polonia, se comienza a difundir entre los hombres de la Península Ibérica, Inglaterra y Alemania. La moda en el calzado masculino fue desarrollándose a lo largo de la Edad Media, determinando que el calzado se fuera estilizando y alargando cada vez más, algunos zapatos llegaron a tener puntas de más de 18 pulgadas; las cuales se solían doblar hacia arriba y se ataban en el tobillo.

Hacia el año 1000 tiene lugar el renacimiento del calzado que, mediante el ascenso de la burguesía, se vuelve más estilizado. Los artesanos zapateros consiguieron una alta consideración social en las últimas etapas de la Edad Media, siendo elementos dinamizadores de su economía. No obstante, los zapatos podían llegar a ser bastante incómodos y extravagantes. Los zapatos puntiagudos de cuero, cuyo empeine se encontraba sujeto con hebillas y cordones, fueron los zapatos más característicos de la última etapa de la Edad Media. A principios del siglo XIII, el calzado masculino adquirió tres formas básicas: los boceguíes, los zapatos que llegaban a la altura del tobillo y las calzas con una suela de cuero, que hacían innecesarios los zapatos. Los colores más comunes eran el marrón, el púrpura, el amarillo, el rojo, el negro y el verde.

Carlos V de Francia llegó a prohibir que se emplearan las polainas de cuero, pues habían llegado hasta el punto de la exageración, no obstante este calzado no llegó a pasar de moda. Felipe I de Castilla "El Hermoso" y Eduardo III de Inglaterra decidieron establecer varias medidas sobre las puntas de las polainas para poder distinguir los distintos estamentos sociales a través del calzado: de esta forma, un príncipe solía llevar polainas cuyas puntas medían más de 2 pies de largo; las polainas de un barón debían medir unos 2 pies de largo; las de un caballero debían medir 1.5 pies de largo, y las del pueblo llano no debían medir más de medio pie.

Esto se hizo así porque las descomunales puntas de las polainas llegaron a ser verdaderamente peligrosas. A finales de la Edad Media, Carlos VIII de Francia quien tenía los pies tan deformes que no podía emplear las polainas puntiagudas, las prohibió, ordenando el uso de zapatos anchos, cuadrados o con punta redondeada

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