miércoles, 30 de septiembre de 2015

El Camino de Santiago

Una noche, un monje llamado Pelagio observó una luminosidad en un desolado paraje del obispado de Irina-Flavia, actual Padrón. El monje comunicó su visión a su superior, el obispo Teodomiro, descubriéndose en el lugar indicado una cueva en cuyo interior apareció un arca de mármol que contenía los restos del Apóstol Santiago, el primer evangelizador de la Península Ibérica cuyos restos mortales trasladaron, desde Jerusalén hasta la Península, sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Este descubrimiento se realizó el 25 de julio del año 814 y el monarca asturiano, Alfonso II, se trasladó en peregrinación al lugar, ordenando edificar una pequeña basílica llamada de Antealtares y un monasterio benedictino. El pequeño burgo comenzó a crecer hasta convertirse en Compostela, derivado (según la tradición medieval) de Campus Stellae, en alusión a las luces que permitieron el descubrimiento. El 6 de mayo del año 899, se consagró una basílica aún mayor que la anterior, cuya construcción fue ordenada por el rey Alfonso III de Astúrias.

El descubrimiento de las reliquias del apóstol pronto se extendió por Europa, donde el culto a las reliquias se estaba convirtiendo en una obsesión al igual que la necesidad de encontrar un aglutinante que sirviera para expulsar todos los males del continente, en especial el Islam. No en balde, los reyes cristianos rogaban al apóstol que "colaborara" en numerosas ocasiones y sus ejércitos combatieron valerosos al grito de "Santiago y cierra España".

Las primeras peregrinaciones se realizaron entre los fieles de los reinos peninsulares. Durante el Siglo X, Sancho el Mayor (rey de Navarra) realizó una serie de mejoras en la ruta que enlazaba su reino con Santiago, con el objeto de dotar de mayor seguridad a los peregrinos. Esa etapa de seguridad finalizó con las temibles Ratzias de Almanzor, quien llegó a alcanzar la capital compostelana y se llevó las campanas de la catedral hasta Córdoba a hombros de cautivos cristianos.

En el siglo X aparecen registrados los primeros peregrinos franceses. Entonces, ya se podía hablar de un verdadero Camino de Santiago, constituido por el llamado Camino Francés. Dos accesos procedentes de Canfranc y Roncesvalles se unen en Puente de la Reina, que debe su nombre al puente construido para que los peregrinos cruzaran el río Arqa. Desde ésta villa, un solo camino avanza cruzando el norte de la Península Ibérica hasta su etapa final, en Finisterre.

En el año 951, Gotescalco, Obispo de Puy, aparece recogido en un manuscrito redactado por el monje Gómez de la Abadía de San Martín de Albelda. Es el primer testimonio de una peregrinación procedente de Francia, pero será en el siglo XI cuando se produzca el mayor auge de las peregrinaciones jacobeas, procedentes de todo el mundo conocido. El éxito de las peregrinaciones se ubica en numerosas hospederías, hospitales, monasterios y abadías que pone en marcha la Orden de Cluny, dotando de mayores comodidades al peregrino. Otro de los grandes promotores de las peregrinaciones fue el obispo compostelano, Don Diego Gelmírez, quien consiguió que, en el año 1905, el Papa Urbano II trasladara la sede episcopal desde Irina-Flavia a Compostela, con categoría de Sede Apostólica al igual que Roma. Gelmírez también fue el promotor de la construcción de la actual catedral. Compostela, Roma y Jerusalén se convirtieron en los tres centros más importantes de peregrinación cristiana.

La inseguridad continuaba siendo uno de los principales problemas del Camino de Santiago, por lo que durante el año 1170, en Cáceres, se fundó la Orden Militar de Santiago cuyo objetivo fue la defensa de los peregrinos de los numerosos peligros que les acechaban en las rutas, especialmente los bandoleros. 

Los peregrinos de una misma comarca o región solían partir en grupo para poder defenderse mejor de los peligros, realizando el viaje en una época en la que la climatología era más favorable. Antes de iniciar la peregrinación, confiaban sus bienes a un monasterio, cuyo abad les entregaba el bordón, la calabaza (para almacenar el agua), el rosario y la escarcela. El viaje duraba el tiempo que el peregrino deseara. Para fomentar las peregrinaciones, los peregrinos estaban exentos de pagar peajes, portazgos, pontazgos y cubiertos de la rapacidad de alcaldes, señores, mesoneros y ladrones. El peregrino era muy respetado y protegido tanto por la sociedad como por las autoridades.

El papel desempeñado por el Camino de Santiago fue fundamental para los reinos españoles y para Europa, ayudando a producir un fluido intercambio cultural, espiritual, económico, artístico, político e institucional entre las diferentes zonas por las que transita el Camino. Tanto el arte románico como el gótico penetraron en la Península Ibérica a través del Camino de Santiago. Incluso los inmigrantes procedentes de Europa que se asentaban en España, denominados Francos, llegaban a través del Camino.

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