viernes, 22 de agosto de 2014

La universidad medieval

Las universidades medievales europeas fueron instituciones educativas, en la Baja Edad Media, que sustituyeron a las escuelas palatinas, monásticas y episcopales existentes desde la Alta Edad Media. Estas universidades comenzaron a fundarse en el contexto del Renacimiento medieval del siglo XII.

Estas universidades establecieron un modelo de enseñanza superior que se prolongó en el tiempo, determinando la estructura y funcionamiento de las universidades de la época moderna y contemporánea, cuando la educación universitaria se extendió a nivel mundial.

Las universidades medievales eran comunidades de maestros y estudiantes (universitas) que, aunque su principal función era la enseñanza, también se dedicaban a la investigación y producción del saber.

Las primeras universidades de la Europa cristiana fueron fundadas en Italia (Universidad de Bolonia, en el siglo XI, y Escuela Médica Salernitana, siglo IX), Inglaterra (Universidad de Oxford, 1096), en España (Universidad de Salamanca) y en Francia (Universidad de París) para el estudio del derecho, la medicina y la teología. La parte troncal de la enseñanza incluía el estudio de las artes preparatorias: la gramática, la retórica y la lógica, así como la aritmética, geometría, música y astronomía. Después el alumno entraba en contacto con estudios más específicos, entre los que se incluían la filosofía y todo tipo de ciencias.

Orígenes

Carlomagno, coronado emperador en el año 800 dC, consiguió reunir una buena parte de la Europa Occidental bajo su dominio: el Imperio Carolingio. Para unificar y fortalecer su imperio, decidió reformar la educación. Para hacer esto, encargó al monje inglés, Alcuino de York, elaboró para ello un proyecto de desarrollo escolar que buscaba revivir el saber clásico, estableciendo los programas de estudio a partir de los siete artes liberales: la gramática, la retórica, la dialéctica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. 

Se promulgaron decretos por todo el imperio para restaurar escuelas y fundar otras nuevas. Estas nuevas escuelas podían ser monacales, bajo la responsabilidad de los monasterios; catedrales, junto a la sede de los obispados; municipales, bajo el auspicio de los ayuntamientos; y palatinas, junto a las cortes. Esas medidas tendrían sus efectos más importantes unos siglos más tarde. La enseñanza de la lógica fue haciendo renacer el interés por la indagación de carácter especulativa: de esta semilla sugirió la filosofía cristiana de la Escolástica.




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