martes, 18 de junio de 2013

Santa Catalina de Siena. La primera anorexica de la historia.

Catalina Benincasa, conocida como Santa Catalina de Siena (Siena, 1347 - Roma, 1380) fue una santa católica. La Santa Sede la reconoce como una co-patrona de Europa e Italia y Doctora de la Iglesia.

Hija número 25 de un total de 25 hijos (su hermana gemela, Giovanna, la hija 24, vivió unos pocos meses) de Jacobo Benincasa, tintorero, y de Lapa Piacenti, hija de un poeta local.

Bautizada como Catalina Benincasa, pertenecía a una familia de clase media-baja de la sociedad, compuesta básicamente por notarios, conocida como la "fiesta de los 12", quienes entre una revolución y otra, gobernaron la República de Siena desde 1355 hasta 1368.

Sus hermanos le dieron el apodo de Eufrosina. Catalina no tuvo una educación formal; desde temprana edad mostró un gusto por la soledad y la oración y, siendo todavía niña, se consagró a la mortificación e hizo voto de castidad. A los 12 años, sus inadvertidos padres comenzaron a planear el matrimonio de Catalina, pero ella reaccionó cortándose todo el cabello y encerrándose, con un velo negro sobre su cabeza. Con el objeto de persuadirla, sus padres la obligaron a realizar fatigosas tareas domésticas, sin embargo, Catalina se encerró más en si misma, aún más convencida de su vocación religiosa. Sólo un evento inusual, una paloma que se posó sobre la cabeza de Catalina mientras ésta rezaba, convenció a Jacobo de la sincera vocación de su hija.

A los 18 años tomó el hábito de la Orden Tercera de los dominicos. Se sometía al cilicio (se puede ver en la Iglesia de Santa Catalina de la Noche) y a largos periodos de ayuno, sólo alimentada durante la Eucaristía. El historiador Rudolph Bell, en base a sus investigaciones, señala que los ayunos de Catalina indican Anorexia Nerviosa.

Seguramente en los carnavales de 1366 vivió lo que describió en sus cartas como un "Matrimonio Místico" con jesús, en la Basílica de Santo Domingo de Siena, teniendo diversas visiones como la de Cristo en su trono con San Pedro y San Pablo, después de las cuales empezó a enfermar cada vez más (recordemos que era anorexica) y a demostrar aún más su amor por los pobres. Ese mismo año falleció su padre y en Siena se inició un Golpe de Estado.

En 1370 recibió una serie de visiones del infierno, el purgatorio y el cielo, después de las cuales escuchó una voz que la mandaba salir de su retiro y entrar en la vida pública. Comenzó a mantener correspondencia con hombres y mujeres de todas las condiciones, manteniendo correspondencia con las principales autoridades de los territorios de Italia, rogando por la paz entre las repúblicas de Italia y el regreso del Papa a Roma desde Aviñón.

Durante la peste, en 1374, Catalina socorrió a los desgraciados, sin mostrarse cansada en ningún momento. Un año más tarde, en Pisa, recibió los estigmas invisibles, de modo que sentía el dolor pero no se veían las llagas externamente.

En el año 1376, Catalina fue enviada a Aviñón como embajadora de la República de Florencia, con el fin de reconciliarla con los Estados Pontifícios y el Papa. La impresión que causó Catalina en el Papa significó el retorno de éste a Roma un año más tarde.

En Roma, afirmó su fidelidad a la Santa Sede. Respondió a las preguntas capciosas de algunos sabios y obispos, confundiendolos. Reconcilió a los florentinos con el Papa Urbano VI, sucesor de Gregorio XI, colgando el 18 de julio de 1378 una rama de olivo en el Palacio Papal en señal de paz.

Después de esto se retiró a la más profunda soledad, pero de allí hubo de sacarla la Cisma de Occidente. Apoyó al Papa Urbano VI, quien la convocó a Roma, donde vivió hasta su muerte el 29 de abril de 1380, a la edad de 33 años, como consecuencia de la anorexia. Fue sepultada en la Iglesia de Santa María Sopra Minerva en Roma; su cráneo fue llevado a la Basílica de Santo Domingo de Siena y su pie se encuentra en Venecia.

El Papa Pío II la declaró santa en 1461, se la conmemoraba el mismo día de su muerte (el 29 de abril). En 1628 el Papa Urbano VIII la movió al día siguiente, para no superponer la festividad con la de San Pedro de Verona, hasta que en 1969 volvió a su fecha primitiva.

En 1939, Pío XII la declaró principal patrona de Italia, junto con San Francisco de Asís.

En 1970 el Papa Pablo VI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia, siendo la segunda mujer en obtener dicha distinción (la primera fue Santa Teresa de Jesús). En 1999, Juan Pablo II, la convirtió en Santa Patrona de Europa.

Pie de Santa Catalina de Siena, conservado en Verona.




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