viernes, 12 de abril de 2013

Las matronas en la época antigua

Debido a la importancia de su labor, la matrona es una figura que ha existido desde los albores de la civilización humana.

En el Antiguo Egipto, la asisténcia al parto estaba reconocida como una profesión femenina y, como queda registrado en el papiro de Ebers, dicho papiro comprende 5 columnas que tratan sobre ginecología y obstetrícia, hablando específicamente de la aceleración del parto y la realización de pronosticos sobre la supervivéncia del recién nacido. El papiro de Westcar, incluye instrucciones para calcular la fecha prevista de alumbramiento y describe distintos estilos de sillas de parto. Los bajos relieves encontrados en las habitaciones reales en Luxor y otros templos, también atestiguan la importante preséncia de las matronas en la cultura egipcia.

En la antigua cultura greco-romana, el oficio de matrona era desempeñado por un ámplio número de mujeres, entre las que se incluían aquellas de edad avanzada que continuaban la radición médica popular en los poblados del Imperio Romano, matronas entrenadas, cuyo conocimiento emanaba de distintas fuentes, y mujeres con un alto grado de formación que eran consideradas médicos femeninos.

Tal y como describe el médico Sonarus en el siglo II d. C. en su trabajo Ginecología, una "buena" matrona tenía que aglutinar las siguientes características:

- Culta.
- Inteligente.
- Poseedora de buena memoria.
- Amante de su trabajo.
- Respetable.
- Sin ninguna incapacidad que disminuya la percepción de sus sentidos, hasta impedirle realizar su labor.
- Con los miembros intactos.
- Fuerte.
- Con dedos largos y finos, que acaben en una uña corta.

Soranus también recomienda que la matrona muestre una actitud comprensiva y que mantenga sus manos suaves, con el fin de mejorar la comodidad de la madre y del hijo. Plinio el Viejo, otro médico contemporáneo, valoraba la pertenéncia a la nobleza así como la tranquilidad y la discreción en una matrona.

Es difícil encontrar en la antigüedad una mujer que poseyera esta combinación de psique, virtud y formación, por lo que parece que existían 3 grados diferentes de matrona:

1. Mujeres que conocían la técnica.
2. Mujeres con conocimiento ampliado con la lectura de algunos textos sobre obstetricia y ginecología.
3. Mujer intensamente formada y considerada una especialista médico a la mujer.

Las matronas eran conocidas con diferentes nombres en la antigüedad, como iatrine, maia, obstetrix y médica. A raíz de los hallazgos encontrados, parece que la matrona era tratada de forma diferente en el Este del Mediterráneo que en el Oeste. En el este, algunas mujeres superaban la profesión de matrona (maia), siendo consideradas obstetras (iatros gynaeikos), necesitando para ello una formación oficial. Existían algunos tratados ginecológicos escritos por mujeres griegas que circulaban entre los círculos médicos. Las matronas, en el este, eran profesionales respetadas que podían vivir de forma independiente y con suficiente reconocimiento social como para publicar trabajos leídos y citados por médicos. El estudio de algunas reglamentaciones romanas, sugiere que las matronas disfrutaban del estatus y remuneración comparable a la de los doctores masculinos.

Sin embargo, en la parte oeste del Imperio Romano, se conoce la existéncia de matronas principalmente en los epitafios funerarios. De estos ejemplos, se han sugerido 2 hipótesis:

1. La profesión de matrona no era ejercida por mujeres nacidas en el seno de familias libres durante varias generaciones. Por lo tanto, la mayoría de matronas eran esclavas.
2. Dado que la mayoría de los epitafios describen a las mujeres como manumitidas (esclavas liberadas), se presupone que las matronas eran valoradas, obteniendo suficientes ingresos como para ganarse su liberación.

Es posible que las esclavas fueran enseñadas por sus propias madres.

Los deberes de la matrona en la antigüedad consistían, principalmente, en la asisténcia durante el parto, aunque también podían ayudar en otros problemas médicos relacionadeos con la mujer. A veces, la matrona llamaba a un médico que colaboraba con ella si aparecían complicaciones; en la mayoría de los casos, traía dos o tres ayudantes. Matronas y médicos de la antigüedad creían que el parto era más sencillo para la mujer si éste se realizaba en posición sentada. Para ello, durante el parto, las matronas llevaban un taburete a la casa donde se iba a producir el alumbramiento. En el asiento de la silla había un agujero con forma de luna creciente a través del cual el niño nacía. La silla también tenía dos reposabrazos a los que la parturienta se agarraba. La matrona se ponía delante de la parturienta, dilatando suavemente y tirando del feto, mientras daba instrucciones a la madre sobre la respiración y la forma de empujar durante las contracciones y las asistentes ayudaban presionando el abdomen de la paciente. Finalmente, la matrona, recogía al bebé, lo envolvía en un trozo de tela, cortaba el cordón umbilical y lo limpiaba. Al bebé se le salpicaba con sal fina molida, natron o aphronite, con la intención de secar los residuos del parto, enjabonando seguidamente. A continuación, la matrona limpiaba los orificios corporales de residuos. Después del parto, la matrona inspeccionaba al bebé para saber si estaba sano para ser criado. Se cercioraba de que no presentara ninguna deformidad congénita y comprobaba que su llanto era fuerte y sano. Finalmente, la matrona evaluaba las posibilidades de supervivéncia del recién nacido, recomendando abandonarlo al aire libre si presentaba deformidades graves.

Los servicios de la matrona eran caros; este hecho sugiere que las mujeres pobres, que no podían pagar a una matrona, frecuentemente eran asistidas por las mujeres de su família. Muchas famílias ricas tenían sus propias matronas. Sin embargo, la inmensa mayoría de las mujeres de la antigüedad recibían cuidados de manos de matronas contratadas, ya fueran profesionales altamente qualificadas o poseedoras de los conocimientos básicos de obstetrícia.


Partera medieval
Durante la era cristiana, las matronas europeas se volvieron importantes para la Iglesia, debido a su ron en los bautismos de emergéncia, y comenzaro a ser reguladas por la Ley Canónica de la Iglesia Católica Romana. Durante la edad media, el parto era considerado tan arriesgado que la Iglesia pedía a las mujeres embarazadas que prepararan su mortaja y confesaran sus pecados por si morían. Para protegerse contra la brujería, la Iglesia exigía que las matronas recibieran una licencia del obispo y realizaran un juramento por el que rechazaban el uso de magia para ayudar a las mujeres a alumbrar.
Partera romana.


Matrona Egipcia.























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