lunes, 2 de julio de 2012

Adolescencia y juventud

El primer trabajo, y el único que he tenido en toda mi vida, ha sido el de campesino y comerciante. Como mi padre murió cuando yo era muy joven, quizás tenía 14 años, me vi obligado a ampliar mi ámbito de trabajo para ayudar a mi madre a sacar adelante a la familia, ya que no nos sobraba el dinero. Durante mi juventud me dedicaba al estraperlo, la venta ambulante, la producción y venta de carbón vegetal, legumbres, fruta, aceite y miel. También iba a trabajar a la recogida de azúcar de caña y esparto. Viajaba de pueblo en pueblo durante días, con mi mula cargada de todo tipo de alimentos y productos para la cocina; durante aquella época hice muchos amigos y conocidos, amistades que han durado hasta el día de hoy.

Cuando era joven, nunca pertenecí a ningún club pero si me gustaba mucho jugar a cartas con los amigos, aunque nunca jugábamos con dinero. Solíamos juntarnos cada domingo en casa de algún amigo y jugábamos a la brisca, el tute, la subasta... era muy divertido, me resultaba relajante y era una forma de evadirme de la realidad. También me gustaba ir a pasear por el mirador del pueblo y ver a las mujeres hermosas lavar y tender la ropa en la orilla del río, mientras cantaban, reían y se explicaban cuentos y historias. De esta manera fue que conocí a mi esposa.

Durante aquella época tubo lugar la Guerra Civil, aún me entran escalofríos al recordar el ruido de las bombas al caer por las calles o sobre las casas de los vecinos, la incertidumbre sobre el futuro, los gritos amortiguados de los niños y de las personas viéndose cercanas a la muerte, los hurtos y todas las pillerías que llevaban a cabo los soldados y los guerrilleros. Tengo el borroso recuerdo del ruido de las ametralladoras, fusilando a la gente en la plaza mayor del pueblo. El miedo a morir a manos de la Guardia Civil, el miedo a morir a manos de los guerrilleros. Recuerdo el ruido de las sirenas cuando los aviones bombarderos se acercaban al pueblo y las desesperadas carreras en busca de un refugio, el hambre, la miseria, el terror al día de mañana, el olor a muerte. 

Un día, mientras viajaba con una carga de aceite por un camino de la sierra, fui detenido a golpe de pistola  por los  guerrilleros (o maquis, como los llamábamos entonces) y me obligaron a venderles aceite bajo amenaza de muerte.

Por aquella época, vivía en mi pueblo un hombre que colaboraba con la Guardia Civil. Si este vecino se enemistaba con alguien, aquella persona podía llegar a ser acusada de colaborar con los guerrilleros, de manera que era detenida, torturada y muchas.... muchísimas veces, fusilada. Este hombre se ofreció para comprarme varios sacos de cebada pero yo, por principios y porque sabía que había muerto gente inocente por su culpa, me negué y, durante muchos meses, me vi obligado a dormir en la sierra porque todos teníamos miedo que pudiera venir la Guardia Civil a buscarme a casa (ya que generalmente detenían a la gente del pueblo durante la noche).

Pero no todo fueron penas, cuando me tocó hacer el servicio militar me destinaron a Melilla. Siempre recordaré la rigidez del ejército, el calor y el trabajo duro. También hice amigos, durante las comidas nos sentábamos todos juntos y hablábamos de nuestras familias, del futuro, recordábamos a las novias que habíamos dejado en nuestros pueblos... También hacíamos marchas hasta Nador, Larache, Fez, Ceuta y muchos otros sítios.






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