domingo, 11 de marzo de 2012

Catalina la Grande


Catalina II de Rusia, llamada la Grande (Ekaterina Alekseyevna) nacida en Stettin, Polonia, el 2 de mayo de 1729 y fallecida en San Petersburgo el 17 de noviembre de 1796 según el calendario gregoriano. Fue emperatriz de Rusia durante 34 años.

El padre de Catalina, Christian Augusto, príncipe de Anhalt-Zerbst, era un general prusiano que ejercía de Gobernador de la ciudad de Szczecin en nombre del rey de Prusia. Aunque nació como Federica Augusta Sofía (Sophie Friederike Auguste von Anghalt-Zerbst), una princesa alemana de menor rango, Catalina tenía una remota ascendencia sueca en Carlos IX. De acuerdo con la costumbre imperante de entonces entre la nobleza alemana, su educación fue impartida principalmente por tutores franceses.

La elección de Sofía (Catalina) como la futura esposa del Zar -Pedro de Holstein-Gottorp- se debió a la gestión diplomática entre el Conde Lestocq y Federico II de Prusia. Ambos querían fortalecer la amistad entre Prusia y Rusia para debilitar la influencia de Austria y arruinar al canciller Bestuzhev, consejero de la Zarina Isabel, y que era un conocido partidario de la alianza ruso-austríaca. Además a la emperatriz le gustaba esa familia, ya que ella había estado prometida al tío de Sofía (catalina), hermano de su madre, Carlos Augusto de Holstein-Gottorp, que había muerto de viruela antes del enlace.

La intriga diplomática fracasó, debido a la intervención de la madre de Sofía, Juana Isabel de Holstein-Gottorp, una inteligente mujer. La imagen histórica de la madre de Catalina es de una mujer emocionalmente fría, trepadora social que amó las intrigas y los chismes de la corte. Juana estaba tan cegada por convertir a su hija en emperatriz de Rusia, que logró enfurecer a la Zarina Isabel y la obligó a salir del país acusándola de espiar para el rey Prusiano. No obstante, finalmente, se celebró el enlace entre Catalina y Pedro de Holstein-Gottorp.

La joven princesa no ahorró esfuerzos para congraciarse con la Zarina Isabel y su esposo y con el pueblo ruso. Se dedicaba con ahínco al aprendizaje de la lengua y la cultura rusa, estudiaba día y noche, por las noches se levantaba descalza y caminaba para repasar las lecciones. Esto dio lugar a un ataque de neumonía. Quiso formar su mente para hacer todo lo necesario a fin de estar calificada para llevar la corona. Su padre, que era luterano, se opuso firmemente a la conversión de su hija a la Iglesia Ortodoxa rusa. Pero, a pesar de sus instrucciones, la princesa fue bautizada con el nombre de Catalina (Ekatalina) Alekséyevna. Catalina se casó con el Gran Duque Pedro el 21 de agosto de 1745 en San Petersburgo. Los recien casados se instalaron en el Palacio de Oranienbaum, que sería su residencia durante 54 años.

El fracaso matrimonial fue debido a la impotencia y la inmadurez del Gran Duque Pedro, que no pudo consumarlo durante 12 años. Entonces se distanciaron definitivamente y Pedro toma una amante (Yelizabeta Vorontsova), mientras que Catalina mantiene relaciones con Sergéi Saltykov, Charles Hanbury Williams y Estanislao II Poniatowski. Se convirtió en amiga de Yekaterina Dáshkova, la hermana de la amante de su esposo, quien la presentó a varios grupos de políticos poderosos que se oponían a su marido. Catalina leía mucho y se mantenía informada sobre los acontecimientos de Rúsia y el resto de Europa. Mantuvo correspondencia con muchas de las grandes mentes de la época, como Voltaire y Diderot.

Después de la muerte de la Zarina Isabel, Pedro subió al trono como Pedro III de Rúsia y la pareja se trasladó al nuevo Palacio de Invierno en San Petersburgo; Catalina, de esta manera, se convirtió en Zarina consorte de Rúsia. Sin embargo, las excentricidades del nuevo Zar y su política de secularización de bienes y filoprusiana le granjearon la enemistad de varios sectores como la Iglesia. Pedro intervino en una disputa entre Holstein y Dinamarca sobre la província de Schleswig, apoyando a su país natal y despertando la impopularidad entre los nobles, ante una guerra muy alejada de los intereses de Rúsia.

En 1762, Pedro cometió el error de retirarse con sus guardias de Holstein y sus amigos a Oranienbaum, dejando a su esposa en San Petersburgo. El 13 y 14 de júlio, la Guardia Imperial Rusa, al mando de Grigori Orlov, amante de Catalina, se rebeló, deponiendo a Pedro, y proclamando a Catalina como soberana de Rúsia. Pedro pareció no tener problema en abandonar el trono y solo pedía a cambio una tranquila finca, su viejo violín y suministros de tabaco y vino de Borgoña. 3 días después de su deposición, Pedro III falleció en Ropsha a manos de Alekséi Orlov (hermano de Grigori).

Catalina sucedió a su marido con el nombre de Catalina I de Rusia. Su manifiesto de acceso al trono justifica su sucesión citando la "elección unánime" de la nación, pero una gran parte de la nobleza lo consideró una usurpación, tolerable solo durante la minoría de su hijo, Pablo. Pero Catalina reinó hasta su muerte.

A lo largo de su reinado, Catalina tuvo numerosos amantes. Después de su romance con Grigori Orlov, mantiene una relación con un joven, llamado Aleksander Dimítriev-Mamónov. Siempre fue generosa con sus amantes, que ostentaban altos cargos durante el tiempo que eran favoritos y después les concedía grandes riquezas en tierras y siervos.

Catalina se comportó duramente con su hijo Pablo. En sus memorias, Catalina indicó que su primer amante, Sergéi Saltykov, era el verdadero padre de Pablo. Una vez viuda, salió de la corte para dar a luz a su hijo ilegítimo engendrado con Grigori Orlov, Alekséi Bobrinskói (más tarde fue nombrado por Pablo como Conde Bobrinskói). La Zarina tenía la intención de excluír a su hijo de la sucesión y dejar la corona a su nieto mayor Alejandro I. Debido a la desconfianza que le producía el carácter de su hijo. De esta manera, lo mantuvo en un estado de semi-destierro en Gátchina y Pávlovsk, resuelta a no permitir que se debatiera su autoridad. Para introducir la vacunación, dio ejemplo siendo la primera en hacerlo. 

El 17 de noviembre de 1796 Catalina se disponía a tomar un baño cuando sufrió un ataque fulminante de apoplejía que acabó con su vida. Fue enterrada en San Petersburgo con gran solemnidad entre los nobles a los que tanto favoreció.








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