sábado, 11 de febrero de 2012

Juana La Loca

Juana I de Castilla, conocida como Juana la Loca (n. en Toledo. 1479 - m. Tordesillas. 1555), fue Reina de Castilla de 1504 a 1505, pero desde 1506 no ejerció ningún poder efectivo y vivió encerrada en Tordesillas, primero por orden de su padre Fernando el Católico y después por orden de su hijo el emperador Carlos V de Habsburgo.

Fue primero infanta de Castilla y Aragón, luego archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Bravante y condesa de Flandes. Finalmente Reina por derecho propio de Castilla, León, Galicia, Granada, Sevilla, Múrcia, Jaén, Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias occidentales, de Navarra, Aragón, Valencia, Mallorca, Nápoles y Sicília. Además de otros títulos como Condesa de Barcelona y Señora de Vizcaya.

De la casa de Trastámara, la reina Juana vue la tercera hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla. Nació en Toledo y fue bauticiada con el nombre del santo patrón de su família, al igual que su hermano mayor, Juan.

Recibió una esmerada educación más propia de una infanta que de una princesa heredera de la corona de Castilla, basada en la obediencia más que en el gobierno, a diferencia de la exposición pública y las enseñanzas del gobierno requeridos en la instrucción de un príncipe. En el estricto ambiente de la Corte Castellana de su época, Juana fue alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejo propios de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, entrenamiento como amazona y el conocimiento de lenguas romances propias de la península Ibérica, además de francés y latín.

El manejo de la casa de la infanta, y de su ambiente inmediato, estaba totalmente dominado por sus padres. Dicha casa incluía personal religioso, oficiales administrativos, personal encargado de la alimentación, personal encargado de su bienestar personal (esclavas canarias), seleccionados únicamente por sus padres.

Isabel y Fernando, conscientes de las aptitudes de Juana y de su posible desempeño en otra corte, ofrecieron a Juana para el hijo de Maximiliano I de Habsburgo (emperador romano-germánico), Felipe el hermoso, archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, de Habsburgo, de Hainaut, de Holanda, de Zelanda, Tirol y Artois, y señor de Amberes y Malinas. A cambio de este enlace los Reyes Católicos pedían la mano de la hija de Maximiliano, Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan. Juana era considerada una buena opción en las cortes extranjeras, ya había sido pedida por el Delfín Carlos de Valois y por el rey escocés Jacovo IV de estuardo.

Al llegar a Flandes, Juana no fue recibida por su prometido. Ello era debido a la posición de los consejeros de Felipe a las alianzas de matrimonio pactadas por el Emperador. El ambiente de la corte con el que se encontró Juana era radicalmente opuesto al que ella vivió en su Castilla natal. La sobria, religiosa y familiar corte castellana contrastaba con la desinhibida y muy individualista corte flamenca, muy festiva y opulenta gracias al comercio de tejidos que sus mercados dominaban desde hacía siglo y medio. Los nobles flamencos, con sus intereses, dominaban la corte. A diferencia de Castilla, las grandes decisiones eran tomadas de acuerdo con los fines de estos nobles a través del influenciable Felipe.

Aunque los esposos no se conocían, se enamoraron locamente al verse. Pero Felipe pronto perdió el interés en la relación, lo cual hizo nacer en Juana unos celos enfermizos. Al poco tiempo llegaron los hijos, que agudizaron los celos de Juana. Juana vigilaba a su esposo todo el tiempo y, pese al avanzado estado de gestación de su segundo embarazo, (del que nacería Carlos V), asistió a una fiesta en el palacio de Gante. Aquel mismo día tuvo a su hijo, en los lavabos del palacio.

Muertos sus hermanos Juan e Isabel, así como el hijo de ésta, Juana se convirtió en princesa heredera de Castilla y Aragón. Cuando su esposo, Felipe, marchó a Flandes para resolver unos asuntos, dejándola en plena gestación, parece ser que se agravó su estado mental. Decicidió entonces partir hacia Castilla junto a sus Padres, especialmente por petición de su madre que estaba preocupada por su estado de salud.

Muerta la reina Isabel, su padre la proclamó reina de Castilla y tomó las riendas del gobierno del reino acogíéndose a la última voluntad de Isabel. Pero Felipe no estaba por la labor de renunciar al poder y en la concordia de Salamanca se acordó el gobierno conjunto de Felipe, Fernando el Católico y Juana. Esta resolvió retirarse temporalmente a la corte de Flandes, donde dió a luz a su quinto vástago, una niña llamada María.

A la llegada del matrimonio de los Países Bajos, se manifestaron las malas relaciones entre el yerno y el suegro. Fernando se retiró a Aragón y Felipe fue proclamado Rey de Castilla en las Cortes de Valladolid, con el nombre de Felipe I. Ese mismo año muere Felipe I el Hermoso, supuestamente envenenado, y entonces aumentan los rumores sobre la locura de Juana. La Reina decidió trasladar el cuerpo de su esposo desde Burgos, lugar de su muerte, hasta Granada. No se separará ni un momento del féretro, durante los 8 meses de traslado. Acompañan al difunto un gran numero de personas entre ellos, religiosos, nobles, damas de compañía, soldados y sirvientes.

Ante el evidente desequilibrio mental de la reina, Fernando vuelve a ser regente de Castilla ante el llamamiento del Cardenal Cisneros, dada la creciente inestabilidad propiciada por la nobleza.

La demencia de la reina seguía agravándose. No quería cambiarse de ropa y tampoco lavarse y, finalmente, su padre decidió encerrarla en Tordesillas, para evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, un encierro que mantendría su hijo Carlos más adelante.

En 1516 muere Fernando II el Católico y Juana se convierte en reina nominal de Aragón, pero algunas instituciones de la corona aragonesa no la reconocían como tal. Mientras, su hijo Carlos se benefició de la incapacidad de Juana para proclamarse rey en Castilla y en Aragón y se añadió los títulos reales que correspondían a su madre.

Hay que tener en cuenta que Juana nunca fue declarada incapacitada por las Cortes Castellanas y tampoco se le retiró el título de Reina. Mientras vivió, en los documentos oficiales debía figurar en primer lugar su nombre.

Desde que su padre la recluyó en 1509, Juana permaneció en una palacio-cárcel de Tordesillas hasta el día de su muerte, el 12 de abril de 1555, tras 46 años de reclusión forzosa y siempre vestida de negro, con la única compañía de su hija más pequeña, Catalina, ninguneadas y maltratadas física y psicológicamente por sus servidores. Especialmente duros fueron los largos años de servicio de los marqueses de Denia, Bernardo de Sandoval y Rojas y su esposa, que daban preferencia a sus propias hijas antes que a Juana y a Catalina, hermana del emperador. El marqués cumplió con su función con más celo y eficácia de la necesaria, dando largas a todas las peticiones de Juana y de Catalina.

El confinamiento de Juana era cuestión de Estado. Si juana no gobernaba era por incapacidad mental, pero si se empezaba a rumorear que la reina estaba cuerda, los adversarios del nuevo rey afirmarían que era un usurpador.

Jamás se le permitió salir del palacio de Tordesillas, excepto para visitar la tumba de su esposo durante un tiempo, antes de su traslado definitivo a Granada, ni a pesar de que en Tordesillas se declarara la peste. Su padre Fernando y, después, su hijo Carlos, siempre temieron que si el pueblo veía a la reina, la legítima soberana, se avivarían las voces que siempre hubo en contra de sus respectivos gobiernos.

La vida de Juana se deterioró progresivamente. Sobretodo cuando su hija menor, que siempre procuró protegerla frente al despótico maltrato del marqués de Denia, tuvo que abandonarla para contraer matrimonio con el rey de Portugal. Desde ese momento los episodios depresivos se sucedieron cada vez con más intensidad.

En sus ultimos años de vida, a la enfermedad mental se unía la física, tenía grandes dificultades en las piernas, que se le paralizaron. Falleció en Tordesillas el 12 de abril de 1555 a los 75 años.








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