domingo, 22 de enero de 2012

Isabel la Católica

Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel la Católica (Madrigal de las Altas Torres 1451 - Medina del Campo 1504) fue reina de Castilla, reina consorte de Sicilia y de Aragón.

Isabel de Castilla, hija de Juan II de Castilla y de su mujer, Isabel de Portugal, nació en Madrigal de las Altas Torres, el Jueves Santo de 1451, en el palacio que hoy ocupa el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Madrigal era entonces una pequeña villa de realengo donde circunstancialmente residía su madre, Isabel de Aviz, y de ella recibe el nombre que entonces no era frecuente en España.

Dos años después, en Tordesillas, nació su hermano Alfonso. Con anterioridad, y fruto del matrimonio entre Juan II de Castilla y María de Aragón, había nacido Enrique, hermano de padre de Isabel, que ocuparía el trono en 1454 y sería conocido como Enrique IV el Impotente.

A la muerte de su padre en 1454, se retiró con su madre y su hermano Alfonso a la villa de Arévalo donde vería los ataques de locura de su madre, Isabel. Esta es una época de dificultades, incluso económicas, pues aunque su padre había dejado importantes disposiciones testamentárias en favor de su madre y de ella, el rey Enrique IV las incumple reiteradamente. En esta adversidad Isabel se fortaleció con lecturas evangélicas y libros de piedad. También le ayudó su amistad con Santa Beatriz de Silva, a la que luego ayudaría en la fundación de la Orden de las Concepcionistas Franciscanas y a la que donó los palacis de Galiana en la ciudad de Toledo. Otras personas importantes en este momento fueron Gutierrez de Cárdenas, su esopsa Teresa Enríquez y Gonzalo Chacón.

En 1461, Isabel y su hermano Alfonso son trasladados a Segovia, lugar donde se emplazaba la Corte, por estar cercano el nacimiento de la hija de los reyes, doña Juana de Castilla. Pronto se la apodó Juana la Beltraneja, porque según los rumores de la época era hija de la reina, doña Juana de Portugal, y de Beltrán de la Cueva.

Los nobles, ansiosos de poder, enfrentaron a su hermano Alfonso (de 12 años) con su hermanastro el rey Enrique, deponiéndolo en la "Farsa de Ávila". En 1468, su hermano Alfonso, murió envenenado en Cardeñosa. En un principio se pensó que fué víctima de la peste, pero el médico que lo examinó no encontró indicios de tal enfermedad. A pesar de las presiones de los nobles, Isabel rechazó proclamarse reina mientras Enrique IV estuviera vivo. Consiguió que su hermano le otorgara el título de Princesa de Asturias.

Isabel se constituyó así como heredera de la corona castellana, por delante de Juana, su sobrina, a quien la nobleza no consideraba legítima para ocupar el trono, por las dudas que había sobre su paternidad. A partir de este momento, Isabel pasa a residir en Ocaña, villa perteneciente a Juan Pacheco, marqués de Villena. El rey inicia contactos diplomaticos con otras casas reales para lograr un acuerdo matrimonial que le reporte beneficios.

Desde los 3 años, Isabel había sido comprometida con Fernando, hijo de Juan II de Aragón. Sin embargo, Enrique IV rompió este compromiso, 6 años más tarde para comprometerla con Carlos, príncipe de Viana. El matrimonio no llegó a consolidarse por la férrea oposición de Juan II de Aragón. También fueron infructuosos los intentos de Enrique IV por desposarla con el rey Alfonso V de Portugal (20 años mayor que ella). El rey logró reunirlos en el Monasterio de Guadalupe, pero ella lo rechazó, debido a la diferencia de edad entre ambos.  A los 16 años, fue comprometida con don Pedro Girón, Maestre de Calatrava y hermano de don Juan Pacheco. Don Pedro murió de un ataque de apendicitis, mientras realizaba el trayecto para encontrarse con su prometida.

El 18 de septiembre de 1468, Isabel fue proclamada Princesa de Asturias por medio de la Concordia de los Toros de Guisando, revocando Enrique IV el anterior nombramiento de su hija Juana.


Más tarde, el rey trató de casarla con el duque de Guyena, hermano de Luis XI de Francia; de nuevo, Isabel se negó. El monarca francés pidió entonces la mano de Juana para su hermano, el duque de Guyena; Luis XI quería alejar al duque de su entorno por suponer una amenaza para él. Los esponsales se llevaron a cabo en Medina del Campo (1470), pero el duque murió en 1472 en circunstancias sospechosas, antes de conocer a la novia.


Mientras tanto, Juan II de Aragón, intentó negociar la boda con su hijo Fernando en secreto con Isabel. Isabel y sus consejeros consideraron que era el mejor candidato para esposo, pero había un impedimento legal, ya que eran primos. Necesitaban, por tanto, una bula papal que les exonerara de la consanguinidad. El Papa, no llegó a firmar este documento, temeroso de las posibles consecuencias negativas que ese acto podría acarrearle; no obstante, era proclive a esta unión conyugal, por atraerse a la Princesa Isabel, una mujer de marcado carácter religioso, debido a la amenaza que respresentaban los árabes en sus Estados Pontifícios. Por ese motivo, ordenó a don Rodrigo Borgia dirigirse a España como legado papal para facilitar este enlace.


Los escrúpulos de Isabel para contraer matrimonio sin contar con la autorización papal impedían realizar la ceremonia. Con la connivencia de don Rodrigo Borgia, los negociadores presentaron una supuesta bula emitida en junio de 1464 por el anterior Papa, Pío II, a favor de Fernando, en el que se le permitía contraer matrimonio con cualquier princesa con la que le uniera un lazo de consanguinidad de hasta tercer grado. Isabel aceptó y se firmaron las capitulaciones matrimoniales de Cervera, el 5 de marzo de 1469. Para los esponsales, y ante el temor de que Enrique IV abortara sus planes, en mayo de 1469, y con la excusa de visitar la tumba de su hermano Alfonso (que reposaba en Ávila), Isabel escapó de Ocaña; donde era custodiada estrechamente por don Juan Pacheco. Por su parte, Fernando atravesó Castilla en secreto, disfrazado de mozo de mula de unos comerciantes. Finalmente, el 19 de octubre de 1469 contrajo nupcias en el Palacio de los Viveros de Valladolid con Fernando, rey de sicilia y Príncipe de Girona.


Este matrimonio costó a Isabel el enfrentamiento con Enrique IV, que llegó a paralizar la bula papal de dispensa por parentesco, pero en el año 1471 el Papa Sixto IV eliminó las dudas sobre la legalidad canónica del enlace.


Isabel es proclamada Reina de Castilla en el año 1474, tomando como base el Tratado de los Toros de Guisando. Des de el Alcázar de Segovia se dirigió a la Iglesia de San Miguel. Tras jurar por Dios, por la Cruz y por los Evangelios que sería obediente a los mandamientos de la Santa Iglesia, le juraron lealtad. Luego, entró en el interior del templo, portando el pendón de Castilla y abrazada a sus pliegues.


Fue una mujer con mucho carácter y decisión proipa. Con sus hijos fue severa, pero buena madre, haciéndoles entender que tenían unas obligaciones por su rango y que debían sacrificarse mucho por este motivo. Creyó en los proyectos de Cristóbal Colón.


Durante el reinado común con Fernando se produjeron hechos importantes para el futuro del reino, como el establecimiento de la Santa Inquisición, la creación de la Santa Hermandad, la incorporación del Reino Nazarí de Granada, la unificación religiosa de la Corona Hispánica, basada en la conversión forzada de los judíos y los musulmanes so pena de expulsión. Por último, la anexión de Navarra.


Al final de sus días, las desgracias familiares se cebaron con ella, lo que valió que algunos cronistas de la época realizaran una similitud entre la reina y la Virgen María en sus Dolores. La muerte de su único hijo varón y el aborto de la esposa de éste, la muerte de su primogénita y de su nieto Miguel, la locura de su hija Juana, los desaires de Felipe el Hermoso y la incertidumbre de su hija Catalina tras la muerte de su esposo inglés, la sumieron en una profunda depresión que hizo que vistiera de luto íntegro. Su espiritualidad recia deja constancia en lo que dijo al conocer la triste noticia de la muerte de su hijo: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea su santo nombre".


Recluida en Medina del Campo, cuando enfermó de un cáncer de útero que la llevó a la tumba, mandó que las misas por su salud se tornaran por su alma, tan segura estaba de su propio fin. Estando aún consciente, pidió la extremaunción y el Santísimo Sacramento.


Falleció poco antes del mediodía del 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real de Medina del Campo (Valladolid).


En primer lugar fue inhumada en el monasterio de San Francisco de la Alhambra, en una sencilla sepultura, según su deseo. Poco después, sus restos mortales, junto con los de su esposo Fernando el Católico, fueron trasladados a la Capilla Real de Granada. Su hija Juana I de Castilla (Juana la Loca) y Felipe I de Habsburgo (Felipe el Hermoso), también reposan allí. Más tarde se enterró en este lugar a su nieto Miguel y a su hija Isabel, que falleció a los 2 años de edad.

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