viernes, 18 de noviembre de 2011

La perla peregrina

Es una perla de tamaño y forma inusual, considerada una de las joyas más valiosas y legendarias de la historia Europea. Fue descubierta en aguas del Archipiélago de las Perlas (Panamá), en el siglo XVI, pasó a manos del rey Felipe II de España, formando parte de las Joyas de la Corona de España.

Es una joya que ha viajado por diversos países desde que fue descubierta por un esclavo, en Panamá, hace más de 400 años. Las perlas en forma de lágrima son muy apreciadas por su belleza y escasez, y es por ello que la Peregrina se convirtió en objeto de deseo de la realeza de la época, como Margarita de Austria, Isabel de Borbón o María Luisa de Parma, reinas de España que la lucieron a lo largo de los siglos.

Esta joya fue hallada en Panamá y ofrecida en el año 1580 al Rey Felipe II de España por Don Diego de Tebes, Alguacil Mayor de Panamá, quien la había llevado a Sevilla. Esta perla pesa 58.5 kilates. Al parecer, el monarca se la regaló a su nueva esposa, la Reina María Tudor de Inglaterra. La Peregrina, prendida en un broche o joyel junto con el diamante El Estanque, fue lucida por las sucesivas reinas que ocuparon el trono español.

Al igual que otras gemas singulares como El Estanque, la Perla Peregrina pertenecía a un grupo de joyas de la corona que los reyes debían transmitir de padres a hijos. Como la colección de cuadros, germen del posterior Museo del Prado, estas joyas tenían un valor histórico y simbólico y los reyes debían asegurar su conservación.

La Perla permaneció en España hasta 1808, cuando el rey invasor José Bonaparte ordenó que le entregasen las joyas de la dinastía Borbón española, ya exiliada. La perla fue enviada por este a su esposa Julia Clary, que vivía en París, pero años despues de perder el trono de España el matrimonio se disolvió y Bonaparte emigró a Estados Unidos, con su amante y con la perla.

Cuando José Bonaparte regresó a Europa, se trajo la Perla consigo. Dispuso en su testamento la entrega de la Peregrina al futuro Napoleón III, quien la vendió hacia 1848 por problemas económicos. Fue comprada por el marqués de Abercon, cuya esposa la lució en París, en un baile en el Palacio de las Tullerías. Ella se negó a taladrar la perla y así prenderla mejor, razón por la qual se soltaba de su engarce, aunque no llegó a extraviarse nunca.

En 1969 la Peregrina salió a subasta, causando una gran agitación en España. La Casa Real Española intentó entorpecer la venta afirmando que esta perla no era la auténtica, los Borbones españoles tenían otra perla, regalado por Alfonso XIII a su esposa, y afirmaron que era la Peregrina. Sin embargo, una parte de la família Borbón sabía cuál era la auténtica, Alfonso de Borbón y Dampierre participó en la subasta de Nueva York, aunque su oferta resultó insuficiente.

En 1914 la Peregrina fue vendida por los Abercom a una joyería inglesa. Se la ofrecieron al Rey Alfonso XIII y le remitieron fotografías de ella, pero no llegaron a un trato. La Peregrina pasó por dos coleccionistas entre 1914 y 1969, y fue subastada el día 23 de enero de 1969 por la sala Parke Bennet en Nueva York. La mayor parte de los que pujaron se detuvieron en los 15000 dólares. Hasta los 20000 llegó Alfonso de Borbón y Dampierre. El actor Richard Burton la adquirió por la cantidad de 37.000 dólares, como regalo a Elizabeth Taylor.

Un día más tarde, el 24 de enero, Luis Martínez de Irujo, Duque de Alba, como jefe de la Casa de la Reina Victoria Eugenia, negaba la autenticidad de la perla subastada y exhibió la perla que pretendía ser la auténtica, recibida de Alfonso XIII con motivo de su boda. Tanto la casa de subastas como diversos especialistas negaron alguna veracidad a esa atribución. La presunta Peregrina fue legada a Juan de Borbón, hijo de Victoria Eugenia, y cuando este renunció a sus derechos dinásticos en 1977, le fue transmitida al Rey de España Juan Carlos I. Ha sido lucida varias veces por la Reina Sofía y, algunos funcionarios de la Casa Real Española siguen manteniendo que es la verdadera Peregrina.

Elizabeth Taylor lució la Peregrina en su aparición en la película de época Ana de los mil días y, posteriormente, incorporó la perla a un collar de rubíes y diamantes, de estilo renacentista, diseñado por la joyería Cartier de París. Este aderezo hizo de la Peregrina una pieza de valor incalculable. Hasta su muerte, Liz Taylor seguía siendo la propietaria de la Perla.

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