jueves, 22 de septiembre de 2011

San Guinefort, santo, mártir y perro

Aún en esa época el perro era valorado como mejor amigo del hombre, sino veamos lo que cuenta esta leyenda que nació en Francia durante el siglo XIII.

Un día de invierno, un caballero salió de caza dejando a su hijo pequeño dormido en la cuna junto con su galgo Guinefort. Cuando el caballero regresa y entra en la habitación, contempla un espectáculo que lo deja completamente parado: la cuna está tirada por el suelo, hay restos de sangre en las sábanas y al bebé no se le ve por ningún lado. Cuando Guinefort acude a recibirlo como siempre, con sus alegres movimientos de rabo, el caballero vuelve a quedarse espantado... el perro tiene sus fauces manchadas de sangre.

Rápidamente el hombre llega a la peor de las conclusiones: Guinefort se ha comido a su hijo. Ciego de ira la emprende a golpes con el perro hasta que lo mata.

Cuando la calma vuelve al corazón del caballero, con el perro ya destrozado a sus pies, comienza a escuchar el suave llanto de un bebé. Se dirige al lugar de donde proviene el sonido y, cuando aparta la cuna, descubre a su pequeño retoño que gimotea en el suelo. Tiene una víbora sobre su pecho y está manchado de sangre, pero la sangre es de la serpiente que se encuentra medio desgarrada y el niño está completamente ileso y a salvo.

Es entonces cuando el caballero se da cuenta de su terrible error. La sangre en la cuna, en el niño y en los dientes de Guinefort pertenecía a la serpiente y el perro lo único que había hecho era salvar la vida de su hijo. Arrepentido, el caballero, entierra al pobre perro colocando unas pequeñas piedras sobre su tumba y planta algunas flores y árboles a su alrededor.


La historia del heroico perro, y además mártir,  no tarda en extenderse entre la gente que comienza a acudir a su tumba y que termina por convertirse en un pequeño santuario. Pronto también, comenzaron a circular rumores de algunas milagrosas curaciones gracias a la intercesión del perro, por lo que Guniefort empieza a ser considerado un buen santo a quien rezar y especialmente indicado para la protección de los niños.

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