lunes, 19 de septiembre de 2011

Aromas medievales

Durante el siglo X d.c., los árabes recuperaron el saber de la cultura grecolatina sobre las plantas y los aromas. El eminente científico andalusí Abu Ibn Sina, más conocido como Avicena, cuyo saber incluía las matemáticas, la filosofía, la astrología y la medicina, perfeccionó el arte de la destilación de los aceites esenciales de las plantas. El primer aceite esencial que se obtuvo fue el de rosas, que más tarde se conviritó en la popular esencia conocida como "agua de rosas" profusamente utilizada como perfume femenino, en la repostería y en la cocina árabe. En tiempos de las cruzadas se extendió su uso a toda Europa y, a finales del siglo XVII ya se elaboraba este perfume en el continente. Un siglo después se popularizó el agua de lavanda; la monja y escritora Hildegard Von Bingen escribió un interesante tratado sobre herboristería, en el que exaltó las virtudes de las hierbas aromáticas y destacó las bondades de la lavanda.

Durante la Edad Media los médicos europeos curaban con preparados hechos a base de plantas medicinales; en el siglo XIII ya estaba muy extendido el método de la destilación para obtener esencias, y la de romero fue una de las primeras conocidas y apreciadas. También fueron muy poderosas las cofradías de los boticarios que nacieron en los países del norte de Europa, sobretodo los de la llamada "Liga Hanseática", y tuvieron un papel muy relevante durante las epidemias de peste negra que azotaron en varias ocasiones el continente. Solía quemarse, como método de desinfección, inciensos resinosos de pino, ciprés y cedro en las calles, en las habitaciones de los enfermos y en los hospitales. Este proceder estaba avalado por el hecho de que los perfumistas que elaboraban el incienso no se contagiaban. 

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