miércoles, 10 de agosto de 2011

LA MUJER ROMANA

A diferéncia de los griegos, que teníana sus mujeres confinadas en casa y si tenían tiempo libre no lo pasaban el família, los romanos sentían una gran atracción por la vida doméstica. La mujer aparece como compañera y cooperadora del hombre romano; está a su lado en los banquetes, comparte con él la autoridad sobre los hijos y criados y participa también de la dignidad que tiene su marido en la vida pública. Pero esta libertad no impide que sea austera y reservada, especialmente en la época republicana; incluso en el banquete la mujer estaba sentada, no recostada, y no bebía vino sinó mulsum (vino endulzado con miel). En cualquier caso, está siempre en un segundo plano y así no participa en la vida pública, en la política, en la literatura, ni puede ser cabeza de família e incluso los nombres de oficios de la primera declinación son masculinos.

La educación femenina era prudentemente liberal. Durante la infancia los niños y las niñas se criaban juntos; las escuelas elementales también eran mixtas.Terminados los estudios primarios, las chicas de buena família continuaban instruyéndose privadamente en el conocimiento de la literatura latina y griega; al mismo tiempo, aprendían a tocar la lira, a bailar y a cantar. Esta educación intelectual no impedía que la mujer hiciese determinadas labores: vigilaba y dirigía a las esclavas, atendía los trabajos más delicados, bordaba, etc.

El matrimonio

El matrimonio de dos jóvenes dependía casi exclusivamente de los padres. Pocas veces se tenían en cuenta las inclinaciones de los interesados. Una vez concertado el matrimonio, el primer paso era la celebración de los sponsales, ceremonia arcaica en que los padres concertaban la boda de los hijos y establecían la dote que la joven aportaría al matrimonio. Antiguamente los desposados ya quedaban obligados a la fidelidad recíproca y, si el matrimonio no se celebraba en el plazo estipulado, se podía perder la dote. Consultados los dioses, si los agüeros eran favorables, se cambiaban los anillos, que tenían un valor simbólico.



Ante la ley, solo los ciudadanos romanos tenían derecho a contraer matrimonio. Los hombres se consideraban aptos para casarse a los 14 años y las mujeres a los 12.


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