martes, 16 de agosto de 2011

La mujer en Al-andalus

Aisha Bint Muhammad Ibn Al-Ahmar

Aisha (o Fátima según algunos autores), a podada "la Horra" (la honesta), fué reina de Granada, esposa de Abú Hasán (Muley Hacem). Vivó en la segunda mitad del siglo XV y pertenecía a la família real del reino nazarí de Granada, fue una de las personalidades femeninas más célebres de la historia de Al-Andalus, participando activamente en la resisténcia de Granada contra los Reyes Católicos. La leyenda le atribuye la famosa frase de recriminación a su hijo: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre".

Durante unos 20 años fue la Sultana Consorte de Abú Hasán, con el que tuvo dos hijos varones: Boabdil y Yusuf, y una hija llamada también Aisha; pero el Sultán se enamoró de una esclava cristiana llamada Isabel de Solís, que tomó el nombre de Soraya al convertirse al Islam, y con la que tendría dos hijos varones hasta tal punto que acabó por desbancar a Aisha del puesto de Sultana y confinarla en habitaciones menos regias.

Aisha incitó a Boabdil y a Yusuf a huír a Guadix, donde el primero fue coronado Rey. Poco después, tras una sangrienta guerra civil, Boabdil fue nombrado Rey de Granada. Aisha volvió a intervenir con tenacidad y firmeza cuando su hijo fue capturado por los Cristianos y negoció su liberación. Aisha se convirtió en el alma de la resistencia contra las tropas Cristianas.

Cuando Granada fue conquistada por los Reyes Católicos, Aisha partió al exilio con su hijo, primero al Señorío de Adarax en la Alpujarra y, más tarde, a la ciudad de Fez dónde, al parecer, falleció.


Wallada Bint Al-Mustakfî

Hija del califa Mustakfî, fue la más celebre de las poetisas de Al-Andalus. En el año 1025 abrió palacio y salón literaro en Córdoba. Su história de amor y desamor con Ben Zaydun se convirtió en toda una leyenda.

Entre las figuras intelectuales, políticas y mundanas del naufragio del Islam español durante el siglo XI, la más llamativa és la princesa Wallada la Omeya. La ajetreada, tumultosa y libertina vida de Wallada ha llevado a muchos a pensar que las mujeres en Al-Andalus, por supervivéncia de las costumbres cristiano-visigodas o por cierto matriarcalismo bérber, gozaron de una libertad que no tienen las mujeres en ninguna sociedad islámica. 

Dos costumbres palaciegas de buen tono, la poesía y la caligrafía, alumbraron poetisas andalusíes. La primera, en el siglo VIII, fue Hassana at´ Tamimiyya. Pero es en el siglo XI cuando surgen mujeres de buena posición dedicadas a las letras, como la cordobesa Aisa bint Ahmed Ibn Qadim, o la piadosa -única que peregrinó a La Meca- Maryam bint Abu Yaqub Al-Ansari, de Silves. La mejor, por el número de poemas conservados y por su trágica historia de amor con Abu Yafar ben Said, es la granadina Hafsa bint ar´Rakkunniyya. También granadinas fueron la sutil Umm al-Hanna y la descarada Nazun bint al-Qalai. De Guadalajara, Umm al´Ala. Y dos princesas: la sevillana Butayna hija de Mutamid, y la almeriense Umm al-Qiram, de Summadih. Pero Wallada las ha eclipsado a todas.
Tras la muerte de su padre, con apenas 17 años y gracias a los fondos que Mustafkí supo guardar, Wallada abrió palacio y salón literario en Córdoba, donde ofrecía instrucción a hijas de familias poderosas y acaso instruía a esclavas en la poesía, el canto y las artes del amor. Al cabo ella era hija de Amin´am, una esclava cristiana enviada a cultivarse a Medina, y su nodriza y maestra fue la esclava negra Safia. Cuando tenía unos 20 años conoció al hombre que marcó para siempre su vida. Es un encuentro de famosos, buscado por ella. Ben Zaydun es un noble de excelente posición, con gran influencia política y sin duda el intelectual más elegante y atractivo del momento. Pero Wallada es la mujer más culta, famosa y escandalosa de Córdoba. Se pasea sin velo por la calle y, a la moda de los harenes de Bagdad, lleva versos suyos bordados en la orla de su vestido o en túnicas transparentes. Los del lado izquierdo dicen: "Por Alá, que merezco cualquier grandeza/ y sigo con orgullo mi camino"; los del derecho: "Doy gustosa a mi amante mi mejilla/ y doy mis besos para quien los quiera". Es una belleza apabullante: hermosa figura, tez blanca, ojos azules, rubia-pelirroja... el ideal de la época.
Wallada era una mujer acostumbrada a mandar, en la calle, en la casa y en la cama. Se enamoró de Ben Zaydun en una noche de fiesta poética, jugando a completarse poemas según la costumbre cordobesa de entonces. Fue el choque de dos vanidades literarias, en la que ella tomó la iniciativa. Pero tras unos amores estrepitosos, apasionados, públicos y versificados, pronto se rompió el idilio.
¿Cuál fue la razón? Wallada escribe: "Sabes que soy la luna de los cielos/ mas, para mi desgracia, has preferido a un oscuro planeta". ¿Una amante negra, esclava de la propia Wallada? La traición con un amante negro es una convención de la poesía islámica. No debe tomarse literalmente. La tradición no la niega Ben Zaydun, pero ¿con quién? Es posible que fuera con la propia mujer fatal de Wallada, la mujer Munya, a la que nuestra princesa encontró en la calle y a la que, fascinada por su belleza, compró, educó, convirtió en poetisa desvergonzada y que finalmente la abandonó. Es más probable que Wallada sorprendiera a Ben Zaydun con un amante masculino, porque eso le reprocha luego ferozmente en sus sátiras: "Si (Ben Zaydun) hubiera visto falo en las palmeras/ sería pájaro carpintero". En fin, lo cierto es que Wallada no la perdonó nunca. Se hizo amante del hombre fuerte de Córdoba, el visir Ben Abdús, rival político y enemigo personal de Ben Zaydun, al que privó de sus bienes y acabó metiendo en la cárcel. En esa época de cautiverio físico y amoroso escribió Ben Zaydun sus poemas más famosos. Pero Wallada no quiso volver a verlo. Eso es lo que creó realmente la leyenda. Ben Zaydun, tras recobrar la libertad, recorría de noche los palacios arruinados de Medina al-Zahara, símbolos de una pasión destruida. Toda Córdoba lo vio errante y ojeroso, enfermo de amor, y supo de sus poemas sumisos, implorando el perdón que nunca le fue concedido. Algunos creen que Ben Zaydun utilizó la forma de amor udrí, precedente del amor cortés occidental, para expresar su pasión. Otros, como Nykl, piensan que su relación con Wallada es como la de Musset con Georges Sand. Ciertamente parece la de una deminatrix con un esclavo voluntario, pero el secreto a voces no deja de ser secreto. Y la poesía lo mejora.
Arruinada en su fortuna y su crédito, Wallada recorrió la España de los reinos de taifa, quizá también la cristiana, exhibiendo su talento y acaso otorgando sus favores, pero siempre volvió a Ben Abdús, en cuyo palacio acabó viviendo aunque sin casarse con él y bajo cuya protección le sobrevivió, siempre altiva y hermosa, hasta cumplidos los 80 años. También Ben Zaydun rehizo su vida y su carrera política en Sevilla, a la sombra del feroz Mutamid, padre del rey poeta Mutamid. Vivió muchos años y murió rico y poderoso, quizá remotamente nostálgico o quizá totalmente curado de aquel amor que ya sólo vivía en las antologías poéticas.







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