viernes, 3 de febrero de 2017

UEC 2016 BATALLAR

miércoles, 25 de enero de 2017

La belleza en la Edad Media

La Edad Media es una época de gran extensión temporal que abarca 10 siglos, donde el arte y el cánon de belleza cambian. Si hay algo muy común y que dirige toda la vida de la Edad Media es que es un periodo completamente dominado por los dogmas de la Iglesia Católica, la cual afirmaba que todo estaba en unidad con Dios y que todo emanaba de su divina providencia. Así pues, también se consideraba que la belleza provenía de Dios.

Los vestidos femeninos durante la Edad Media eran muy recatados. El cuerpo de la mujer era considerado un instrumento pecaminoso, y aunque se adoraba a la Virgen María, las mujeres reales se veían obligadas a vivir bajo unas estrictas reglas de vestimenta que se encontraban en estrecha relación con la tradición judeo-cristiana del pecado, el pudor y las creencias religiosas, creando una especie de identidad moral que debía ser respetada bajo cualquier circunstancia, ya que el caso contrario llevaba al castigo y la condena eterna.

En esta época creía que la belleza física era era una cualidad etérea que se acababa marchitando a lo largo del tiempo y que, en realidad, lo que era eterno era la belleza espiritual, es decir, la pureza del alma. En este punto, aunque la influencia de la tradición judeo-cristiana en la Edad Media es patente, el cánon de belleza femenino de ésta época era de procedencia bárbara. La mujer ideal era aquella que poseía una cabellera rubia, tez pálida, con cara ovalada, pechos pequeños, ojos y nariz pequeños y labios carnosos y rosados.

El canon de belleza de la mujer en la Edad Media ha quedado plasmado en dos libros:

El Libro del Buen Amor, en el cual se describen las cualidades y las características que una mujer debe poseer para que un hombre se enamore de ella:

"Busca una mujer esbelta, de cabeza pequeña, 
cabellos amarillos, no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancha de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claras y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes (fíjate)
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡Esto aguisa!"

En formas generales, la descripción detallada por el Libro del Buen Amor coincide casi plenamente con el cánon de belleza de la Edad Media. La otra obra, ejemplo de éste cánon, es el libro catalán Speculum al foder, un libro de características eróticas, posiblemente el único de esta índole en la tradición cristiana, y que no solo habla de cómo debía ser la apariencia femenina en la Edad Media, si no que también era un tratado de psicología femenina, de higiene y de sexualidad; y cuyo extracto dirigido a la belleza física dice así:

"En cuanto a la nobleza y a la belleza de las mujeres, se trata de que tengan cuatro cosas muy negras: el pelo, las cejas, las pestañas y los ojos; cuatro muy coloradas: las mejillas, la lengua, las encías y los labios; cuatro muy blancas: el rostro, los dientes, el blanco de los ojos y las piernas; cuatro muy estrechas: los orificios de la nariz y de los oídos, la boca, los pechos y los pies; cuatro muy delgadas: las cejas, la nariz, los labios y las costillas; cuatro muy grandes: la frente, los ojos, los pechos y las nalgas, cuatro muy redondas [...]"

Así pues, la mujer, aunque fue muchas veces el chivo expiatorio y tuviera el estigma del pecado pendiendo sobre su cabeza, también fue protagonista de un cánon de belleza que se fue repitiendo a lo largo de todo el extenso período de tiempo que abarcó la Edad Media.





jueves, 15 de diciembre de 2016

La crianza de los niños en la Antigua Grecia

Los antiguos griegos se preocupaban por los niños desde el primer momento en que la futura madre sabía o sospechaba de su embarazo. Para que no hubieran problemas durante el parto, se recomendaba a las embarazadas que realizaran ejercicio físico y se alimentaran de forma adecuada. En el momento del parto, la mujer solo podía estar acompañada de otras mujeres, dejando a los hombres al margen.

Era extraño que un hombre estuviera presente durante el parto. El lugar donde se daba a luz era el gineceo, ya que era la zona más resguardada de la casa y favorecía la privacidad del momento.

A los pocos días del parto se celebraban las Anfidromias, una fiesta familiar en la que el padre caminaba alrededor del fuego doméstico con el bebé en brazos, presentándolo a sus parientes. Entonces le otorgaba el nombre, que generalmente solía ser el mismo que el del abuelo. Las familias más pudientes solían organizar una celebración más solemne, que incluía un banquete y un sacrificio.

En Atenas y en otras comunidades griegas, se llevaba a cabo la presentación en sociedad del recién nacido varón con motivo del Festival de las Apaturias, que se celebraban de forma anual entre los meses de octubre y noviembre. Todos los ciudadanos varones se reunían en las fratrías (sociedades hereditarias) y, durante el tercer día de estas festividades, los varones que habían nacido durante el último año eran registrados de forma oficial en presencia de los miembros de la fratría.

En la tradicional sociedad griega se valoraba más tener un hijo que una hija, pues el varón estaba mejor considerado porque se pensaba que podría contribuir a la economía familiar de forma más decisiva que una hija. Asimismo, en la Antigua Grecia eran especialmente apreciados los hijos únicos, los primogénitos o los que nacían de padres mayores, pues se consideraba que eran un regalo divino y que estos últimos podrían estar atendidos por un familiar directo durante sus años de vejez.

En Atenas, los niños y las niñas hasta los 6  años de edad pasaban la mayor parte dentro del gineceo, en compañía de las mujeres de la casa. En esa época ya se pensaba que los juegos infantiles tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Se recomendaba que los niños que, por ejemplo, en un futuro tuvieran que ser campesinos o albañiles usaran juguetes relacionados con su futura actividad como adulto. Los niños que todavía estaban con las mujeres no recibían ninguna enseñanza ni realizaban esfuerzos físicos, en lugar de ello, se los animaba a que sus juegos imitaran las actividades serias de la vida adulta. No obstante, esta estricta educación moral no era la regla.
Los niños griegos se entretenían con juegos que aún existen hoy en día, como la gallinita ciega.

Las madres desarrollaban una relación muy estrecha con sus hijos, pues eran éstos los que justificaban su papel dentro de la familia. Esto no significa que sobreprotegieran a sus hijos. En el caso de Esparta, por ejemplo, las madres presionaban a sus hijos para que cumplieran con sus deberes militares hasta la muerte, al entregarles el escudo antes de partir hacia el combate, les decían "Vuelve con él o encima de él". Es por esto que las nodrizas espartanas eran muy apreciadas en toda Grecia.

En cambio, la relación con el padre era más fría y distante. Éste llamaba a sus hijos con el apelativo de pais, el mismo término que se empleaba para denominar a los esclavos, siendo esto un reflejo de la absoluta autoridad que el padre de familia ejercía sobre sus vástagos. Las mujeres, en cambio, llamaban a sus hijos con el apelativo cariñoso de teknon, que significa criatura. A pesar de la autoridad paterna, con el tiempo la disciplina paterna se suavizó bastante.

A partir de los seis años, los niños comenzaban a asistir a la escuela y quedaban bajo la autoridad de un pedagogo, quienes podían llegar a ser contratados tan pronto como el niño finalizaba la lactancia y comenzaba a comprender el habla. El pedagogo acompañaba al niño a la escuela y ayudaba en su formación.

Cabe destacar el papel que los niños tuvieron en la religión de la Antigua Grecia, porque simbolizaban la pureza y éste valor era imprescindible para entrar a servir en un templo. Los coros infantiles eran fundamentales en las celebraciones religiosas y solían competir entre ellos en el festival ateniense de las Dionisias urbanas.

En ciertos cultos los niños sirvieron como sacerdotes. Las sacerdotisas de Artemisa eran niñas por debajo de la edad de contraer matrimonio y, en el Peloponeso, el sacerdote de Zeus era elegido entre los niños que habían ganado un concurso de belleza.

Junto a la pureza, el hecho de ser niño conllevaba otro beneficio ritual dentro de la religión griega: no estar contaminado por la cercanía de la muerte. Por este motivo, los niños cortaban las ramas de los olivos sagrados con las que se elaboraban las coronas de los vencedores olímpicos. Estos niños eran aquellos cuyos padres no habían fallecido y, por tanto, mantenían el favor divino.

Algunos niños fallecidos a tierna edad eran venerados como héroes, seres intermedios entre los dioses y los mortales. Se les atribuían grandes poderes, quizá porque habían fallecido mucho antes de la edad natural y habían adquirido, así, un carácter vengativo. 



domingo, 11 de diciembre de 2016

Gran hambruna de 1315

Fue una hambruna generalizada en Europa del Norte, que dio inicio a la crisis del siglo XIV. Marcó el final de la expansión económica y demográfica que se había vivido entre los siglos XI y XIII, denominada óptimo medieval. Se debió a la pérdida de las cosechas debida al mal tiempo que comenzó en primavera del año 1315, fue crítico el invierno de 1315-1316 y duraría hasta el verano de 1317, aunque la situación era mala desde el año 1314 y el restablecimiento de una relativa normalidad agrícola no llegó hasta el año 1320. El invierno de 1317 fue devastador para los rebaños, falleciendo numerosas cabezas de granado y estallando, en el año 1318, una peste bovina que no cesó hasta el año 1320. En el 1319 hubo una buena cosecha, pero durante los años 1320 y 1322 las condiciones climáticas volvieron a ser adversas. Las pequeñas hambrunas localizadas fueron frecuentes en la Edad Media, pero ésta superó a todas las demás en extensión, duración y mortaldad. La escasez condujo a la carestía y, además de consecuencias demográficas (morbilidad y mortalidad elevadas) desencadenó todo tipo de conflictos sociales e incrementó la criminalidad. Se produjeron casos de canibalismo e infanticidio. Las consecuencias en las mentalidades y las instituciones políticas y religiosas, a largo plazo, se mezclaron con las de la Peste Negra.

Una hambruna en la Europa de la Edad Media implicaba la mortalidad masiva por inanición. Estos eran sucesos habituales, tanto en Francia como en Inglaterra. No obstante, en la Corona de Aragón, éste se conoce como "lo mal any primer", en vista de los que vinieron después.

Para gran parte de la población, lo normal era que no hubiera suficiente comida, y la esperanza de vida era corta por la alta mortalidad infantil. Incluso entre las clases altas, que no tenían porqué verse afectadas directamente por el hambre, padecieron sus efectos indirectos, sufriendo un aumento de la mortalidad: los registros de la familia real británica recogen una esperanza media de vida de 29 años.

La gran hambruna estuvo limitada a Europa del Norte, incluyendo las islas británicas, el norte de Francia, los Países Bajos, la Corona de Aragón (zona norte), los Países Bajos, Escandinavia, Alemania y Polonia Occidental. La hambruna quedó limitada al sur por los Alpes y los Pirineos.

Durante el período cálido medieval, anterior al año 1300, la población europea se había visto incrementada a un ritmo elevado y mantenido durante siglos. En algunas zonas se alcanzaron niveles de población que no serían igualados hasta el siglo XIX. De hecho, actualmente aún existen zonas de Francia donde la población actual es inferior a la de comienzos del siglo XIV. Por otro lado, las cosechas de trigo se encontraban en descenso desde el año 1280, lo que obligaba a realizar una estricta restricción de su consumo: por cada semilla plantada se recogían dos y una de ellas era conservada para el cultivo. Los efectos negativos eran inevitables, ya que el incremento de la población fomentaba el cultivo de zonas marginales y poco fértiles, y no se producía una mejora tecnológica que pudiera compensarlo. Consiguientemente, se produjo un alza de los precios.

Entre los años 1310 y 1330 Europa vivió algunos de los peores y más lóngevos períodos de mál tiempo de la Edad Media, con inviernos duros y veranos fríos y lluviosos.

El cambio climático conjuntamente con una población de niveles históricamente desconocidos como consecuencia del crecimiento demográfico mantenido durante siglos, produjo una situación muy vulnerable: incluso las cosechas inferiores a la media implicaban la extensión masiva del hambre. La escasa previsión de la hambruna y de sus efectos no se encontraba al alcance de las instituciones, dado el nivel de desarrollo político y social de la época.

En el año 1315, un período de lluvias inusualmente intenso azotó gran parte de Europa.  A lo largo de la primavera y el verano, las precipitaciones abundantes continuaron, mientras que las temperaturas se mantuvieron bajas. Estas condiciones climatológicas provocaron la pérdida de la mayor parte de las cosechas. La paja y el heno para en ganado no pudo secarse y no hubo forraje para los animales. El precio de la comida comenzó a subir, doblándose entre la primavera y el verano. La sal, el único medio para conservar la carne, era difícil de obtener porque el agua se evapora mucho peor en un clima húmedo. Los precios del trigo se incrementaron en un 320% y la gran mayoría de la población no podía comprar pan. Los almacenes de grano para emergencias solo eran accesibles para la nobleza. La gente comenzó a recolectar raíces, plantas, frutos y cereales silvestres. En una ocasión, Eduardo II de Inglaterra, en agosto de 1315, se detuvo en St. Albans sin que se pudiera encontrar comida que ofrecerle ni a él ni a su séquito; que el rey de Inglaterra no pudiera comer fue un acontecimiento extraño. Luis X de Francia intentó invadir Flandes, pero los campos estaban inundados y el ejército era incapaz de avanzar, ya que contínuamente se quedaban atascados en el barro; finalmente, tuvieron que retirarse y abandonar todos sus suministros.

En la primavera del año 1316 continuaba lloviendo sobre una población cuya energía y reservas se encontraban mermadas. Todas las clases afectadas se vieron afectadas, pero especialmente los campesinos, que representaban el 95% de la población y no tenían reservas de comida. En un intento de aliviar la situación, se sacrificaron animales de carga y se destinó a alimentación el grano reservado para la siembra, los niños eran abandonados a su suerte y algunos ancianos renunciaban voluntariamente a su comida para que la nueva generación pudiera salir adelante. Los cronistas de la época relatan muchos casos de canibalismo.

El peor momento de la hambruna fue en el año 1317, mientras se mantenía el clima lluvioso. Finalmente, durante el verano el clima regresó a la normalidad. No obstante, la población estaba tan debilitada por el hambre y las enfermedades (como la neumonía, bronquitis y tuberculosis), y se había consumido tanta semilla reservada para la siembra, que habría que esperar hasta el año 1325 para que la producción agrícola regresara a un nivel normal y la población volviera a crecer.


domingo, 6 de noviembre de 2016

La higiene en la Edad Media

En la Edad Media, los baños y la higiene brillaban por su ausencia, a diferencia de la época romana, donde la higiene era esencial.

Los baños en las viviendas particulares estaban reservados a unos pocos privilegiados, a la nobleza y a los mercaderes. No obstante, existían numerosos baños públicos a los que el pueblo llano podía acudir de vez en cuando.

A pesar de su existencia, los baños públicos estaban mal vistos por muchas personas y, sobretodo, por la Iglesia, ya que a menudo estaban asociados a la prostitución, ya que allí se juntaban hombres y mujeres desnudos. En ocasiones, estos baños eran tapaderas que escondían burdeles.

Se podían encontrar baños en toda Europa y París fue una de las capitales con el número más elevado de baños públicos, aunque los franceses del medievo brillan por la fama de su fuerte olor corporal.

Se debe tener en cuenta que, en la Edad Media, las mujeres hacían sus necesidades sin quitarse el vestido y empleaban como enjuague bucal su propia orina. Los abanicos eran empleados para mitigar el olor corporal.

Generalmente, la gente no se solía bañar en invierno ya que hacía frío. Los primeros baños se realizaban en mayo, época en la que se celebraban las bodas para evitar los malos olores en la pareja. De hecho, la tradición de llevar la novia un ramo de flores para casarse deriva de aquí, ya que el olor de las flores ayudaba a disimular el hedor corporal.

Averroes, insigne médico musulmán, llegó a afirmar que, en los baños públicos, una muchacha había quedado embarazada sin haber tenido relación sexual alguna, solo por compartir la misma agua que un rato antes habían usado los hombres.

Otros médicos de la época afirmaban que después del baño las carnes se reblandecían, los poros se abrían y los vapores podían entrar en el organismo produciendo la muerte o enfermedades graves

Durante la época de la Peste Negra, los médicos pidieron que se prohibieran y cerraran los baño públicos, ya que creían que la peste se propagaba a través del agua. Llegaron a afirmar que la mugre protegía de las enfermedades.

En los baños públicos, el dueño del establecimiento hacía sonar una trompeta para anunciar la hora de la apertura, la gente acudía semidesnuda y se acomodaba en diversos bancos para disfrutar del agua y del vapor, había masajistas que aplicaban ungüentos y barberos.

En el caso de los estamentos más elevados, el baño era un signo de distinción y era muy común acompañarlo de la comida, siendo éste un lujo reservado para unos pocos.

Las bañeras, eran grandes tinas de madera reforzadas con metal. Se tapaban con una sábana para evitar la pérdida de calor. Las crónicas de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, nos ofrecen un reflejo de lo que debía ser un baño noble de la época:

"El Duque invitó a comer a los embajadores del rico Duque de Baviera y del conde de Wuttemberg, e hizo aportar un acompañamiento de cinco platos de carne para regocijarse en el baño".

Las crónicas también afirman que una vez llegó a alquilar un baño público para él y sus invitados, con meretrices para satisfacerles.

En las casas ricas y/o nobles que podían permitirse el lujo de tener un baño, se bañaban dos veces al año. El orden de baño era el siguiente: primero se bañaba el padre, luego los miembros varones por orden de edad, después las mujeres y, por último, los bebés. Cabe destacar que el agua no se cambiaba.

En el Reino de Castilla, dado que se veía una estrecha relación entre los baños públicos y la sexualidad, se comenzó a poner días diferentes para los baños de hombres y mujeres, los judíos solo podían bañarse un día a la semana. Se prohibieron los baños los domingos y el viernes santo.

Los musulmanes reservaban las mañanas para los hombres y las tardes para las mujeres, aunque ellos veían el baño como algo social y saludable.

En Aviñón estaba prohibido que los hombres casados acudieran a los baños y no estaba bien visto que las mujeres de buena reputación acudiesen a ellos.

En el siglo XV se comenzaron a prohibir y cerrar los baños públicos en Londres y, a partir de ahí, en toda Europa.

Las calles de los pueblos y ciudades europeas eran lugares llenos de basura y excrementos, las necesidades se hacían en cualquier sitio e incluso se tiraban por la ventana. En las casas se convivía con animales y con sus excrementos.


domingo, 9 de octubre de 2016

Jerarquía en la sociedad de los astures

Los Astures eran un gran pueblo que englobaba 4 tribus (Albiones, Pesicos, Lugones y Vadinienses) y cada una de estas tribus estaba compuesta por varios clanes. Cada clan se repartía por varios castros próximos entre sí. En el castro el conjunto familiar ocupaba un lugar primordial, siendo la base de la sociedad tribal. Cada unidad familiar estaba compuesta de madre, padre y hijos; todos vivían en una única vivienda y compartían el espacio hasta que los hijos decidían crear su propia familia. Las familias eran matriarcales.

La mujer tenía un papel muy relevante en las decisiones familiares, las del castro y las del clan. A nivel familiar eran las hermanas las que debían dar el consentimiento y aprobar la mujer elegida por el hermano y, incluso, podían llegar a escoger a la mujer de su hermano. Participaban en las asambleas, ostentaban cargos religiosos y luchaban junto a los hombres.


Según los cronistas romanos, la mujer astur era dura y fuerte, cuando paría lo hacía allí donde aconteciese y en silencio, evitando mostrar dolor, una vez nacido el bebé se lo entregaba a su marido quien debía pasar con él la primera noche; el objetivo era crear un vínculo padre-hijo similar al que posee la madre con su hijo (La Covada). No obstante, aunque la figura paterna era importante, los hijos tenían como tutor a su tío materno, denotando así la importancia que se le daba al linaje materno.

El hombre astur representaba la defensa del castro, cada castro poseía un caudillo militar que presidía las asambleas y que se encargaba de mantener las relaciones con otros clanes participando en los consejos tribales. Los jefes tribales se identificaban con un torque, asociado al dios Cernunos.

Durante la colonización romana, se experimentó un incremento de las actividades bélicas en el territorio Astur, llegando a ser la guerra una actividad muy especializada. Tanto hombres como mujeres participaban en la guerra, algo inusual para la época. Los hombres astures llevaban una larga melena, adornaban su frente con una cinta cuando iban a entrar en combate y vestían un manto negro o marrón que les cubría todo el cuerpo; siempre llevaban encima veneno de tejo para untar sus flechas, lanzas y espadas con el objetivo de provocar un golpe mortal al enemigo, si el daño producido no era suficiente, la infección que provocaba el veneno acabaría de matarlo. También empleaban el veneno para suicidarse, ya que preferían el suicidio antes que la derrota o ser sometidos por el enemigo.

Los augures ocupaban un puesto especial dentro del pueblo astur. Eran los principales transmisores del conocimiento científico, dedicaban su vida al estudio de la naturaleza con el objetivo de comprender sus secretos. Cada augur transmitía su conocimiento a dos pupilos, los cuales conocerían cosas que estaban prohibidas para la mayoría de la población. Eran tan influyentes que incluso los romanos evitaban atacarlos por si recaía algún tipo de venganza divina sobre ellos.

El cargo de sanadora se transmitía por vía materna. Era una mujer muy importante y muy respetada en el castro, pues podía tratar afecciones tanto con plantas medicinales como con procedimientos quirúrgicos, resolvían fracturas, suturaban heridas y investigaban las enfermedades. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Medina Azahara: la ciudad brillante

Medina Azahara o Madinat al-Zahra es una ciudad palatina edificada por Abderramán III a 8 km a las afueras de Córdoba, en Sierra Morena.

El principal motivo de su construcción fue de índole ideológico: la dignidad del califa exigía la fundación de una nueva ciudad, como símbolo de su poder, a imitación del resto de califatos orientales y, especialmente, para mostrar su superioridad sobre sus enemigos, los habitantes de la zona del magreb. No obstante, esta ciudad palatina también fue edificada en memoria de la esposa favorita del califa: Azahara.

Situada en Sierra Morena, en la ladera de Yabal al-Arus, frente al valle del Guadalquivir, sobre un espolón de la sierra, situado entre dos barrancos, que se adentra en el campo se encuentra esta ciudad palatina, calificada como el Versalles de la Edad Media. Esta zona fue elegida por su extraordinario valor paisajístico, permitiendo desarrollar un sistema de construcciones jerarquizadas, de forma que tanto la ciudad como la llanura extendida a sus pies quedaba físicamente dominada por las edificaciones del Alcázar. Su construcción en el territorio generó una red viaria e infraestructuras hidráulicas y de abastecimiento para su construcción, conservándose aún hoy en día restos de caminos, canteras, acueductos, puentes, etc.

Medina Azahara fue distribuida en tres terrazas y, a diferencia de la idea laberíntica y caótica del urbanismo musulmán, el recinto de la ciudad tiene un trazado rectangular. El palacio califal se encuentra en la zona más alta, en situación de preeminencia sobre la ciudad y la mezquita aljama, extendidos en la llanura.

Siguiendo la disposición en terrazas, la primera corresponde al palacio del Califa, seguido por la zona de los oficiales (casa de los Visires, cuerpo de guardia, Salón Rico, dependencias administrativas, jardines...) para albergar finalmente a la ciudad (viviendas, artesanos, tiendas, etc.) y la Mezquita Aljama, separadas de las dos terrazas anteriores por una muralla específica para aislar el conjunto palatino.

La ciudad fue construida por orden del primer califa de Al-Andalus, Abd al-Rahman III al-Nasr. Su fundación está relacionada con su esposa favorita, llamada al-Zahra, cuyo nombre significa "Resplandeciente" y que fue quien le sugirió construir una hermosa ciudad extramuros de Córdoba. Así pues, esta ciudad se convertiría en Madinat al-Zahra ("la Ciudad Resplandeciente").

La construcción comenzó a finales del año 936 d. C., estando las obras a cargo del maestro Maslama ibn Abd-allah, y tardó en finalizar 40 años, alcanzando los tiempos de su hijo y sucesor en el califato, al-Hakam II. En el año 945 se produjo el traslado de la corte a la ciudad que, en esos momentos, contaba con la Mezquita Aljama, aunque la Casa de la Moneda no se trasladaría allí hasta 2 años más tarde.

Su construcción costó grandes sumas de dinero, como consecuencia de los grandes trabajos realizados al efecto de su monumentalidad, esplendor artístico, del lujo y de la ostentación que el califa desplegaba en las recepciones y ceremonias que allí se realizaban con frecuencia. En sus ricos salones serían recibidos reyes cristianos hispánicos desposeídos de su trono, embajadores del emperador de Germania, emisarios de Borrell II de Barcelona... Torres Balbás (uno de los restauradores más importantes de España) se refiere así a estas ceremonias: "Tras subir entre apretadas filas de soldados ricamente uniformados, provistos de brillantes armas y en perfecta formación, llegaban monarcas y embajadores al salón oriental de Madinat al-Zahra, abierto a una terraza, cuyos muros cubrían ricas alfombras. Al fondo, sentado sobre almohadones y rodeado de todos los dignatarios de su brillante corte, aparecía el califa. Semejante a una divinidad casi inaccesible. Ante él se postraban en tierra, y el soberano, con insigne fervor, les daba a besar su mano".

100 años después, toda esta hermosa ciudad palatina quedó reducida a ruinas durante el saqueo sufrido en el año 1010, como consecuencia de la fitna o guerra civil que puso fin al Califato de Córdoba. Los saqueos y el pillaje destruyeron la considerada ciudad más bella de occidente.

Después de la fitna que trajo su destrucción, el saqueo de la ciudad palatina prosiguió durante los siglos sucesivos, ya que fue empleada como cantera artificial para la construcción de otras edificaciones posteriores en la ciudad de Córdoba, cayendo en el olvido hasta que desapareció del ideario colectivo.

Como el suelo se encuentra en pendiente, Medina Azahara se construyó sobre 3 terrazas superpuestas, correspondiendo a 3 partes de la ciudad separadas por murallas. La residencia del califa ocupaba toda la terraza superior. La terraza media albergaba los edificios de la administración y las viviendas de los funcionarios de la corte. La terraza inferior estaba destinada a la gente del pueblo y los soldados, encontrándose allí la mezquita, los mercados, los baños públicos y los jardines públicos.

Existía una clara separación entre los espacios públicos y privados, aunque ambos eran espacios abiertos y porticados. Los espacios más destacables son los que se encuentran en la zona oficial, destinada a la actividad política y a la recepción de personalidades foráneas, destacando los Salones de los Embajadores: el Salón Occidental y el Salón Oriental, ambos con sendos jardines asociados.

Puerta Norte


La Puerta Norte se encuentra en el centro de la muralla septentrional, en el punto de llegada del llamado camino de los Nogales, una vía de comunicación directa con la ciudad de Córdoba en la época califal. La puerta tiene una disposición acodada, con el objetivo de facilitar la defensa de ésta, y un habitáculo destinado a los soldados, donde controlaban el acceso. 

La Casa de los Visires


No se sabe a ciencia cierta cual fue la función de este edificio. Se encuentra en la zona oriental del alcázar y está constituido por 6 naves.

El Gran Pórtico


El Gran Pórtico era la entrada oriental al recinto del alcázar, situado frente a la plaza de armas. Estaba formado por 15 arcos, siendo el central en forma de herradura, y los otros escarzanos. Años después de su construcción fue remodelado, eliminándose varios arcos. Éste tenía unas dimensiones de 111 metros de largo, 2.92 metros de ancho y 9.46 metros de alto.

Salón Oriental


El Salón Rico, o Salón de Abd al-Rahman III, es la parte más valiosa de toda la ciudad palatina, tanto por su calidad artística como por su importancia histórica. Es considerado el auténtico símbolo y emblema de toda la ciudad palatina de Madinat al-Zahra.

Este salón era el eje central del recinto palaciego, siendo el empleado para llevar a cabo las ceremonias palatinas, fiestas, recepciones de embajadores extranjeros y como salón del trono. Abd al-Rahman III amante de la ostentación cortesana, gustaba de impresionar a sus invitados por lo que, generalmente, celebraba sus recepciones en este salón, ya que era el más lujoso y era donde el virtuoso arte califal alcanzaba su punto culminante.

La construcción del salón duró 3 años. Como consecuencia de la efímera existencia de Medina Azahara, podemos admirar en este salón, sin añadidos posteriores, el arte califal omeya del reinado de Abd al-Rahman III en todo su esplendor.

Este salón no es un espacio diáfano, si no que en realidad es un grupo de espacios y salas compartimentadas, formando un conjunto de un único salón dividido por arcadas.

Cabe destacar el constante uso del arco de herradura califal con policromía bicolor, muy semejante a los existentes en la Mezquita de Córdoba. Los arcos están sostenidos por columnas de mármol de primera calidad que alternan los tonos rosados con los azules, produciendo un curioso juego de colores.

Las paredes se recubrían con finos paneles decorativos tallados en mármol. El tema elegido para la decoración de los paneles era de gran simbolismo cosmológico, en concordancia con la techumbre de madera que recubría el salón, donde estaban representadas las estrellas haciendo alusión al firmamento. El motivo labrado en los paneles representaba el árbol de la vida.

Mezquita Aljama


La Mezquita Aljama se encuentra fuera del recinto amurallado, en el Jardín Alto. Este templo, a diferencia de la Mezquita de Córdoba, se construyó bien orientado hacia La Meca. Se divide en dos zonas principales: la sala de oración y el patio de abluciones. El alminar se ubica junto a la puerta norte del acceso al patio de las abluciones.

Casa de la Alberca


La Casa de la Alberca se encuentra al oeste de la Casa de Ya'far y al sur del Patio de los Pilares. El núcleo del edificio es el patio central que contiene una alberca. Se conservan dos de las arquerías que daban al patio, así como la vivienda, de unos 80 metros cuadrados. Se cree que en esta casa pudo residir el califa Alhakén II.

Casa de Ya'far


La Casa de Ya'far recibe su nombre por Ya'far ibn Abd al-Rahman, designado primer ministro en el año 961. Su estructura se articula alrededor de 3 espacios organizados entorno a sus correspondientes patios, todos ellos de distinto carácter: uno público, uno privado y otro de servicio. La zona oficial la constituye un edificio de planta basilical, que cuenta con 3 naves que comunican entre sí, así como una nave transversal abierta al patio y un baño.

El edificio estaba pavimentado con losas de mármol blanco.

Residencia Real


La Residencia Real se encontraba la zona más elevada del Alcázar y era la residencia íntima del califa Abd al-Rahman III. Tanto las fachadas de las habitaciones principales como las portadas interiores fueron decoradas de ataurique labrada en placas de piedra adherida a los muros. La riqueza de esta ornamentación también se extiende a los pavimentos de ladrillo.

Red viaria


Después de la fundación de Madinat al-Zahra se efectuaron una serie de construcciones que dotarían a la nueva ciudad de una red viaria propia. Estas conexiones se centran en el territorio occidental de Córdoba y son:

  • El Camino de las Alumnias: un camino directo entre Córdoba y Madinat al-Zahra que, a su vez, también comunica con el camino de Sevilla.
  • Un enlace directo e independiente de Madinat al-Zahra con el camino Córdoba - Badajoz (Yadda), mediante el Camino de Media Ladera.
  • Un enlace directo con los caminos de Mérida, Toledo y Zaragoza.
  • Un camino secundario que unía Madinat al-Zahra con las principales alumnias de la zona oeste.

El aguamanil y la Píxide al-Mughira del Louvre


El Aguamanil del Louvre es una pieza zoomorfa que salió de Madinat al-Zahra después del saqueo francés durante la Guerra de la Independencia, encontrándose actualmente en el Museo del Louvre, donde es una estrella de las salas de antigüedades islámicas. Se trata de un aguamanil en forma de pavo real. Era un recipiente destinado al almacenamiento de agua para el posterior lavado de manos. Sobre su superficie se encuentra grabada una inscripción bilingüe (en árabe y latín) que indica el nombre del artista y la fecha de su elaboración.

Otra pieza perteneciente a Madinat al-Zahra que también se encuentra alojada en el Museo del Louvre es la Píxide de al-Muguira, tambíen conocido como "Bote de Almoguira", es una urna de marfil datada del año 968 y que perteneció al príncipe al-Mughira, hijo del califa Abd al-Rahman III. La píxide es considerada una de las joyas del arte islámico y de los marfiles hispano-musulmanes.